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Comunión de los Santos


Al estar María en el elenco de los santos, podemos aplicarle todos los versículos que se aplican a los santos en general. Nos dirigimos a ella como intercesora. El Evangelio de San Juan recalca, incluso, el papel de María como intercesora, porque ella adelantó el ministerio público de Jesús. Le hizo notar una necesidad: en aquellas bodas de Caná, los recién casados se habían quedado sin vino. Aunque Jesús no hizo señal alguna de que accedería a la petición de la Virgen, ella se mostró confiada en que haría el milagro. María dijo a los sirvientes “Haced lo que os diga” (Juan 2, 5). Y Jesús convirtió las metretas repletas de agua en vino de la mejor calidad.

En este relato, más que en ningún otro referido a los santos, vemos que la oración de intercesión no nos distrae de Cristo, ni resta valor a sus obras. Y la actitud de María, como la de todos los santos, es esta: “Haced lo que Él os diga”, Ese es el modo en el que los santos entienden sus vidas, y por eso acudimos a ellos.

Papás ateos

Como terapista frecuentemente me piden que explique por qué los depresión y ansiedad son tan  comunes en los adolecentes, una de las explicacion es está, y es la que menos importancia le dan, es el interés decadente en la religión, este giro cultural ya te demostrado que es desastroso para millones de personas jóvenes vulnerables, en el estudio del 2018 en el American Journal of Epidemiology, examinó como el ser criado en una familia con creencias religiosas o espirituales tenían un efecto positivo en la salud mental, la Universidad de Harvard, han examinado la participación religiosa en un estudio longitudinal de aproximadamente de 5000 personas, con elementos de control socio demográficos característicos relacionados  a la salud maternal en niños, afirman participar que participar en servicios religiosos una ves por semana califican mucho más alto en bienestar psicológico y en riesgos bastante más bajos de enfermedad mental, los participación religiosa semanal está también asociado con niveles más altos de voluntariado un mejor sentido de misión curiosidad de perdonar y probabilidades más bajas de uso de drogas o iniciación sexual temprana. En Estados Unidos se ha visto un descenso del 20% de servicios religiosos, recuerdo a una entrevista Gallup a comienzos del 2019.

Él no creer en nada es un cultivo perfecto para la ansiedad y la depresión, y la idea de ser “realistas” está completamente exagerado.  La creencia en Dios,  en una figura que nos vida y nos protege, en la que podemos confiar en tiempos difíciles, es una de las mejores formas de apoyo para niños que estás creciendo en un mundo pesimista.

Frecuentemente los padres ateos me preguntan: ¿como le hablo a mi hijo sobre la muerte si yo no creo en Dios ni tampoco en el cielo? Mi respuesta es simple y siempre la misma: MIENTE

La creencia en del cielo y Dios los ayuda a poder comprender los aspectos complejos de la vida, y esto es especialmente importante, en una eres de familias desintegradas, de padres distraidos, violentos, con predicciones del futuro como el calentamiento global, visiones completamente pesimistas. Dale profundamente la imaginación en los niños, disminuye el papel fundamental y su habilidad para lidiar con estos desafíos, si a este niño, simplemente no se les enseña está realidad, y no se les da la oportunidad, de conocer a un ser que le ama y le protege.

Él no creer en Dios mutila la capacidad  de imaginar, le hace la vida miserable, los niños nacen con un fuerte deseo de trascendencia, crecerían de forma menos riesgosa: de suicidio, promiscuidad, uso de alcohol y otras drogas, depresión.

algunos fragmentos de Ericka Komisar (judía no prácticante, no religiosa)
Psicoanálista pedriatrica

Comunión de los Santos


María ocupa un lugar único en la Comunión de los Santos. Dios, al encarnarse en las entrañas de María, le concedió un papel central en la historia. Permitió que el curso de la redención dependiera del consentimiento de ella. Dios estableció que en la vida de la Virgen, entretejida con la de Jesús, se cumplieron muchas de las promesas del Antiguo Testamento
Nadie puede negar que María alumbró una bendición de Dios que resultó ser la más singular de todas desde la misma creación. En el Apocalipsis, Dios proclama: “Benditos son los que murieron en el Señor”. Y María es bendecida desde el mismo momento en que nos la encontramos en las páginas de los evangelios (Lucas 1,42)
Ella recibe, en efecto, algo más que una bendición. Aprendemos de su angélico visitante, al comienzo del Evangelio de Lucas, que María es la “llena de gracia” (Lucas 1,28). Los ángeles la saludan como si esa expresión fuese un título: “!Ave, la Llena de Gracia!” . Algunas traducciones interpretan el pasaje así: “Ave, agraciada!”. La traducción ciertamente resulta difícil, porque la palabra griega en cuestión, Kecharitomene, no aparece casi nunca en la literatura antigua. Cuando en algún otro lugar del Nuevo Testamento se quiere describir algo como “lleno de gracia” se emplea una expresión diferente, como por ejemplo plebles charito en el caso de Esteban (Hechos 6,8)
La misma singularidad del término da idea de la singularidad de la condición de Maria. La forma gramatical griega indica que su “gracia” o “favor” es una condición presente y permanente, resultante de una acción llevada a cabo por Dios. Incluso la forma de saludarla de los ángeles resulta única si se analizan las Escrituras. Es la única vez que un ángel se dirige a alguien empleando un título en lugar de un nombre personal.
Isabel, la prima de María, inspirada por Dios, reconoce el carácter único de la joven cuando exclama: “!Bendita seas enre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!” (Lucas 1,41-42). De nuevo, María -a diferencia de los otros santos- es “santificada” en vida, desde el primer momento en que aparece; y no sólo al morir “en el Señor”.
María misma testifica que aquello es solamente el comienzo: “… me llamarán bienaventurada todas las generaciones” (Lucas 1,48), una afirmación que parecería arrogante en boca de cualquier otro personaje histórico. A muy pocos se les recuerda al dejar de existir; muchos menos, miles de años después. Sin embargo, la Biblia misma ha canonizado la singular proclamación de aquella muchacha de Nazaret.
Y la bendición de María -su santidad- no es algo exclusivo del Evangelio de Lucas. También aparece en el libro del Apocalipsis. En el clima dramático de la visión de Juan, él ve “una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Está encinta” (Ap 12, 1-2). El hijo de la mujer es un “hijo varón… que ha de regir todas las naciones con cetro de hierro” y desde “su trono” (v 5) El hijo es claramente Jesús; y la mujer radiante, su madre. Luego observamos a María coronada en los cielos y enjoyada con luces cósmicas; un privilegio exclusivo no sólo a las demás mujeres, sino respecto al conjunto de la raza humana. Y al ser un privilegio celestial, también lo es eterno
Cf. Bernard J lefrois SVD, The Woman Clothed with the Sun: Individual or Collective (Roma. Orbis Catholicus, 1954); Hans Urbs von Balthasar y Joseph Ratzinger, Mary: The Church at the Source.

Comunión de los Santos

los santos no sólo hablan con Dios, sino también su conversación versa sobre asuntos de la tierra, y que esta conversación tiene un efecto inmediato y poderoso en los acontecimientos de la tierra.


Los santos reciben su poder como una bendición de Dios. Juan refiere una voz que dice: Bienaventurados los muertos, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, porque sus obras les acompañan (Apocalipsis 14,13)


Está claro, Por el Apocalipsis de San Juan, que la bendición de los santos en los cielos se derrama en cascada para bendecir también la tierra

La Comunión de los Santos

(confesores), aquellos “que vienen de la gran tribulación, los que han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del cordero” (Apocalipsis 7,14)
Grupo que está “ante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo (v. 15)
(Su servicio es rezar) Vino otro ángel y se quedó en pie junto al altar con un incensario de oro. Le entregaron muchos perfumes para que los ofreciera, con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que está ante el trono (8, 3-4). Su poderosa oración, mediada por los ángeles, se alza hacia el cielo, pero tiene efecto inmediato en la tierra: “tomó el ángel el incensario, lo llenó con las brasas del altar y las arrojó a la tierra. Entonces se produjeron truenos, voces, relámpagos y un gran terremoto”
La fe es Razonable (Scott Hahn)

Comunión de los Santos

Apocalipsis 6, 9-116:9 Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron.6:10 Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?»6:11 Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser asesinados como ellos.


¿Se basa este breve pasaje en lo que sabemos sobre los mártires que ya gozan del cielo? Conocemos que ellos se comunican con Dios: clama a Dios y Él les responde. Sabemos que conocen lo que ocurre en la tierra, y que abogan por la causa del justo frente al injusto, y por la causa de la Iglesia frente a sus perseguidores. Sabemos también que poseen algún conocimiento previo del futuro, por la gracia de Dios. Saben lo que va a suceder a “sus compañeros y hermanos”. Lo que vemos en el Apocalípsis confirma lo que leímos en Hebreos: “los mártires en el cielo son como una nube de testigos” alrededor de sus hermanos cristianos de la tierra. Además en el cielo son intercesores de las necesidades de la Iglesia en la Tierra.

Lo que vió el Profeta

Sabemos que los santos están en la gloria. Es razonable preguntarnos, sin embargo, como viven ahora, y cuáles son los límites de su conocimiento y de su actividad. El Apocalipsis nos da algunas respuestas.
Juan el Profeta podía ver los cielos porque él había entrado en esa nube de gloria. Al recibir aquella visión, “caí en éxtasis una domingo y oí detrás de mí una gran voz, como una trompeta (Ap 1, 10). Entre los huéspedes del cielo, vio una multitud de santos y distinguió tres categorías: mártires, vírgenes y confesores. Su primer encuentro con los mártires, es particularmente elocuente:
“Ví debajo del altar a las almas de los inmolados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Clamaron con gran voz: Señor Santo y Veraz! ¿Para cuándo dejas el hacer justicia y vengar nuestra sangre contra los habitantes de la tierra?. Entonces se les dio a cada uno una túnica blanca y se les dijo que aguardaran todavía un poco, hasta que se completase el número de sus hermanos y compañeros de servicio que iban a ser inmolados como ellos (Ap 6, 9-11)