Categoría: Dante Urbina

Inmutabilidad

Se dice que un ser es inmutable en cuanto no tiene ninguna clase de movimiento o cambio en su ser. Ahora bien, esto le corresponde esencialmente a Dios. En primer lugar, por causa de su Subsistencia. Y es que el movimiento se constituye ante todo como un paso de la potencia al acto, es decir de la “capacidad de ser” al “ser”. Pero esto no puede darse de ningún modo en el Ser Subsistente porque, por el mismo hecho de serlo, Él nunca está en “capacidad de ser” sino que siempre y necesariamente “Es”. A su vez, la inmutabilidad le corresponde también por causa de su perfección. En efecto: si Dios es perfecto en grado sumo y, por tanto, concentra en Sí todas las perfecciones de los demás seres, se sigue que no pueden haber cambios en Él porque si los hubiera adquiría alguna perfección que no tiene, lo cual sería imposible, o perdería alguna de las que tiene siendo entonces menos perfecto, lo cual es contradictorio. Luego, Dios es inmutable.
Por Dante A. Urbina

Dios es bueno

Se dice que un ser es bueno en cuanto tiene alguna perfección, es apetecible o posee una determinada virtud moral. Ahora bien, todo esto corresponde máximamente a Dios. Como ya hemos dicho, Él es perfecto, de modo que la bondad le advendrá a su ser en razón de su perfección. Por otra parte, al constituirse como el ser máximamente perfecto, será en grado sumo apetecible para sí mismo y para los demás seres, de modo que la bondad también le advendrá a su ser en razón de su apetecibilidad. Y, finalmente, al concentrar en Sí de modo simple todas las perfecciones, se sigue que poseerá en grado sumo todas las virtudes morales pues éstas son una especie de perfección; por tanto, la bondad le advendrá a su ser, además, en razón de su grado (máximo) de virtud moral. Luego, Dios es bueno

¿DIOS EXISTE?

Por Dante A. Urbina

Omnipresente

Omnipresencia
Se dice que un ser es omnipresente en cuanto está en todos los lugares y espacios existentes a la vez. Ahora bien, esto es lo que le corresponde propiamente a Dios. Y es que, a pesar de que sean muchos los lugares que se supongan, incluso si hubiera muchos más de los que hay, necesariamente Dios estaría en todos porque nada puede existir si no es por Él. En otras palabras, Él está en todas partes simple y llanamente porque le da el ser y operación a todas las cosas. Luego, Dios es omnipresente.

Omnipotencia

Se dice que un ser es omnipotente en cuanto tiene en sí la plenitud y totalidad del poder. Ahora bien, dado que el poder se sigue del ser y el modo de poder del modo de ser, tendremos que Dios, el Ser Subsistente, tendrá en sí la plenitud y totalidad del poder. Además, tendrá en sí todo el poder que tenga otro ser o cosa pues, al constituirse como el fundamento del ser de todos y cada uno de los entes, se constituirá también como la fuente primaria de la que procede todo poder. Luego, Dios es omnipotente

Perfección

Se dice que un ser es perfecto en cuanto tiene en sí la máxima excelencia según su forma de ser. Ahora bien, Dios, al constituirse como el Ser Subsistente, ha de tener necesariamente en Sí toda la perfección y excelencia del ser en general, que es en sí la mayor de las perfecciones y excelencias. Además, ha de tener también en Sí -aunque de modo simple- todas las perfecciones de los demás seres particulares puesto que, al constituirse como el fundamento del ser de todos ellos, también se constituirá como el fundamento de sus perfecciones. Por tanto, no le falta ninguna perfección. Luego, Dios es perfecto

Dante Urbina

Dios es perfecto

Perfección Se dice que un ser es perfecto en cuanto tiene en sí la máxima excelencia según su forma de ser. Ahora bien, Dios, al constituirse como el Ser Subsistente, ha de tener necesariamente en Sí toda la perfección y excelencia del ser en general, que es en sí la mayor de las perfecciones y excelencias. Además, ha de tener también en Sí -aunque de modo simple- todas las perfecciones de los demás seres particulares puesto que, al constituirse como el fundamento del ser de todos ellos, también se constituirá como el fundamento de sus perfecciones. Por tanto, no le falta ninguna perfección. Luego, Dios es perfecto.

Al no poder arrodillarme….

Dante Urbina

La realidad

La existencia de la realidad objetiva De acuerdo con este dogma (filosófico) existe una realidad objetiva independientemente de nuestra subjetividad o, para decirlo de otro modo, “existe una realidad externa a nuestra mente”. Y en efecto: la realidad existe. Esta verdad se nos auto-impone. No podemos probarla ni refutarla. Querer probarla sería tanto como intentar besar nuestros propios labios y querer refutarla sería tanto como tratar de huir de nuestros propios pies. Siempre estaremos en el marco de lo real sin poder salir jamás de ello para probar o refutar su existencia. Se trata, pues, de un dogma. Entre los sistemas de pensamiento que han intentado (inútilmente, claro está) negar este dogma tenemos el idealismo subjetivista, postulado por el pastor protestante George Berkeley. De acuerdo con Berkeley, como puede verse en su Tratado Sobre los Principios del Conocimiento Humano (1710) o en Los Tres Diálogos entre Hylas y Philonus (1713), dado que solo conocemos la existencia de la realidad material externa por medio de nuestras sensaciones, no siendo éstas más que ideas subjetivas de nuestro espíritu, se deduce de ello que la materia no tiene ninguna realidad objetiva en sí. No necesitamos realizar una larga argumentación para refutar esta absurda filosofía. Basta y sobra con el sentido común para rechazarla. Imaginemos, por ejemplo, un autobús que pasa en el instante en que atravesamos la calle en compañía de un discípulo de Berkeley con el que discutimos si las cosas tienen una realidad objetiva o subjetiva y si es cierto que son nuestras ideas las que crean las cosas. No cabe duda de que, si no queremos ser aplastados, debemos hacernos a un lado. Porque en la práctica hasta el más acérrimo subjetivista ontológico se ve obligado a reconocer la existencia objetiva del autobús. Para reforzar este último punto convendría también citar aquí la famosa anécdota del Dr. Johnson el cual, en una ponencia, cansado de las obstinadas objeciones que le ponían aquellos que negaban la existencia de la realidad externa y decían que nuestras sensaciones no eran más que engaños de nuestra mente, dijo “¡Así los refuto…!” y pateó con fuerza la mesa que se encontraba frente a él, dejando muy adolorido su pobre pie. Todo un mártir del sentido común y la buena filosofía…

Por Dante A. Urbina

Dos clases de personas

Solo existen dos clases de personas que puedan llamarse razonables: aquellas que sirven a Dios de todo corazón, porque le conocen, y aquellas que buscan a Dios de todo corazón porque no le conocen

filósofo y matemático francés Blaise Pascal

¿Existe Dios?

Un muy buen ejemplo de esto último nos lo dio el filósofo Frederick Copleston cuando en el famoso debate que sostuvo sobre la existencia de Dios en 1948 en el tercer Programa de la BBC puso en graves aprietos al mismísimo Bertrand Russell. Veamos cómo:
“RUSSELL: Verá, yo entiendo que hay cosas buenas y cosas malas. Yo amo las cosas que son buenas, que yo creo que son buenas, y odio las cosas que creo malas. No digo que las cosas buenas lo son porque participan de la divina bondad.
COPLESTON: Si, pero ¿cuál es su justificación para distinguir entre lo bueno y lo malo, o cómo considera la distinción entre lo uno y lo otro?
RUSSELL: No necesito justificación alguna, como no la necesito cuando distingo entre el azul y el amarillo. ¿Cuál es mi justificación para distinguir entre azul y amarillo? Veo que son diferentes. COPLESTON: Convengo en que esa es una excelente justificación. Usted distingue el amarillo del azul porque los ve pero ¿cómo distingue lo bueno de lo malo?
RUSSELL: Por mis sentimientos.
COPLESTON: Por sus sentimientos. Bien, eso era lo que preguntaba yo. ¿Usted cree que el bien y el mal tienen referencia simplemente con el sentimiento?
RUSSELL: Bien, ¿por qué un tipo de objeto parece amarillo y el otro azul? Puedo dar una respuesta a esto gracias a los físicos, y en cuanto a que yo considere mala una cosa y otra buena, probablemente la respuesta es de la misma clase, pero no ha sido estudiada del mismo modo y no se la puedo dar. COPLESTON: Bien, tomemos el comportamiento del comandante de Belsen. A usted le parece malo e indeseable, y a mí también. Para Adolfo Hitler, me figuro que sería algo bueno y deseable. Supongo que usted reconocerá que para Hitler era bueno y para usted malo.
RUSSELL: No, no voy a ir tan lejos. Quiero decir que hay gente que comete errores en eso, como puede cometerlos en otras cosas. Si tiene ictericia verá las cosas amarillas aun cuando no lo sean. En esto comete un error.
COPLESTON: Sí, uno puede cometer errores, pero ¿se puede cometer un error cuando se trata simplemente de una cuestión referente a un sentimiento o a una emoción? Seguramente Hitler sería el único juez posible en lo relativo a sus emociones”

Por Dante A. Urbina

¿Dios existe?

Argumento moral. Según la exposición que hace de él el famoso apologista cristiano William Lane Craig, este se enuncia más o menos como sigue:
1. Si Dios no existe, los valores y deberes morales objetivos no existen.
2. Los valores y deberes morales objetivos existen.
3. Luego, Dios existe