Categoría: Scott Hahn

Comunión de los Santos

los santos no sólo hablan con Dios, sino también su conversación versa sobre asuntos de la tierra, y que esta conversación tiene un efecto inmediato y poderoso en los acontecimientos de la tierra.


Los santos reciben su poder como una bendición de Dios. Juan refiere una voz que dice: Bienaventurados los muertos, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, porque sus obras les acompañan (Apocalipsis 14,13)


Está claro, Por el Apocalipsis de San Juan, que la bendición de los santos en los cielos se derrama en cascada para bendecir también la tierra

La Comunión de los Santos

(confesores), aquellos “que vienen de la gran tribulación, los que han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del cordero” (Apocalipsis 7,14)
Grupo que está “ante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo (v. 15)
(Su servicio es rezar) Vino otro ángel y se quedó en pie junto al altar con un incensario de oro. Le entregaron muchos perfumes para que los ofreciera, con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que está ante el trono (8, 3-4). Su poderosa oración, mediada por los ángeles, se alza hacia el cielo, pero tiene efecto inmediato en la tierra: “tomó el ángel el incensario, lo llenó con las brasas del altar y las arrojó a la tierra. Entonces se produjeron truenos, voces, relámpagos y un gran terremoto”
La fe es Razonable (Scott Hahn)

Comunión de los Santos

Apocalipsis 6, 9-116:9 Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron.6:10 Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?»6:11 Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser asesinados como ellos.


¿Se basa este breve pasaje en lo que sabemos sobre los mártires que ya gozan del cielo? Conocemos que ellos se comunican con Dios: clama a Dios y Él les responde. Sabemos que conocen lo que ocurre en la tierra, y que abogan por la causa del justo frente al injusto, y por la causa de la Iglesia frente a sus perseguidores. Sabemos también que poseen algún conocimiento previo del futuro, por la gracia de Dios. Saben lo que va a suceder a “sus compañeros y hermanos”. Lo que vemos en el Apocalípsis confirma lo que leímos en Hebreos: “los mártires en el cielo son como una nube de testigos” alrededor de sus hermanos cristianos de la tierra. Además en el cielo son intercesores de las necesidades de la Iglesia en la Tierra.

Lo que vió el Profeta

Sabemos que los santos están en la gloria. Es razonable preguntarnos, sin embargo, como viven ahora, y cuáles son los límites de su conocimiento y de su actividad. El Apocalipsis nos da algunas respuestas.
Juan el Profeta podía ver los cielos porque él había entrado en esa nube de gloria. Al recibir aquella visión, “caí en éxtasis una domingo y oí detrás de mí una gran voz, como una trompeta (Ap 1, 10). Entre los huéspedes del cielo, vio una multitud de santos y distinguió tres categorías: mártires, vírgenes y confesores. Su primer encuentro con los mártires, es particularmente elocuente:
“Ví debajo del altar a las almas de los inmolados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Clamaron con gran voz: Señor Santo y Veraz! ¿Para cuándo dejas el hacer justicia y vengar nuestra sangre contra los habitantes de la tierra?. Entonces se les dio a cada uno una túnica blanca y se les dijo que aguardaran todavía un poco, hasta que se completase el número de sus hermanos y compañeros de servicio que iban a ser inmolados como ellos (Ap 6, 9-11)

Una Nube envolvente (la comunión de los santos)

La iglesia al recordar los hechos notables de los patriarcas de los patriarcas de Israel, hacía que continuasen ofreciendo su testimonio. Aquellas brillantes luminarias de la historia de la salvación han salvaguardado la fe, a pesar de lo mucho que les costó, hasta el punto de “padecer cadenas y cárcel”, o ser “apedreados, aserrados, muertos a espada, desplazados, atribulados y maltratados (Hb 11, 36-37). Cuando los cristianos escuchaban el testimonio de vida de estos testigos, se sentían fortalecidos ante la persecución. Pero los testigos hacen algo más que ofrecernos su ejemplo y testimonio. Los testigos también observan. Y el autor de la Carta a los Hebreos quiere que sus lectores sepan que los cristianos no estamos solos en el combate; que aquellos héroes están con nosotros y nos miran desde el paraíso, el cual será morada de todo aquel que persevere en la fe. Los Santo no nos miran desde la distancia. “Están alrededor de” los fieles en la tierra.

La Nube y la Gloria de Dios


Los santos del Antiguo Testamento, se nos dice, habitan en “una nube”, una nube envolvente. Y para un auditorio de judíos del siglo primero esa afirmación estaba llena de significado. Para los “hebreos”, a quienes va dirigida la Carta, la nube era, simple y llanamente, la Gloria de Dios. Cuando Dios condujo a los israelitas a través del desierto, durante días se les aparecía como una columna de nubes. Cuando Dios se hacía presente ante ellos en el tabernáculo (y más tarde en el Templo), los israelitas veían solamente su Shekinah, la nube de gloria que acompaña a Dios. En el Nuevo Testamento, una nube también descendió para llevarse a Jesús a los cielos, ante la mirada atónita de sus discípulos. Y así el fiel difunto, que habita ahora en la “nube de los testigos”, literalmente está entre los santos en la gloria.

Todos los Santos de Dios

Todos los Santos de Dios quien por la fé, vieron de lejos el fruto pero no lo alcanzaron, todo esto para esperarnos en Cristo Jesús
Hebreos 12:1 Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone,12:2 fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, por el gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios.