Categoría: Catecismo de la Iglesia Católica

Adorarás al señor tu Dios, y le servirás

Dios se da a conocer recordando su acción todopoderosa, bondadosa y liberadora en la historia de aquel a quien se dirige: “Yo te saqué del país de Egipto, de la casa de servidumbre”. La primera palabra contiene el primer mandamiento de la ley: “Adorarás al Señor tu Dios y le servirás no vayáis en pos de otros dioses” (Dt 6, 13-14). La primera llamada y la justa exigencia de Dios consiste en que el hombre lo acoja y lo adore.

Historicidad de Jesús


A este postulado de la inmanencia se junta otro que podemos llamar de permanencia divina: difieren entre sí, casi del mismo modo que difiere la experiencia privada de la experiencia transmitida por tradición. Aclarémoslo con un ejemplo sacado de la Iglesia y de los sacramentos. La Iglesia, dicen, y los sacramentos no se ha de creer, en modo alguno, que fueran instituidos por Cristo. Lo prohíbe el agnosticismo, que en Cristo no reconoce sino a un hombre, cuya conciencia religiosa se formó, como en los otros hombres, poco a poco; lo prohíbe la ley de inmanencia, que rechaza las que ellos llaman externas aplicaciones; lo prohíbe también la ley de la evolución, que pide, a fin de que los gérmenes se desarrollen, determinado tiempo y cierta serie de circunstancias consecutivas; finalmente, lo prohíbe la historia, que enseña cómo fue en realidad el verdadero curso de los hechos. Sin embargo, debe mantenerse que la Iglesia y los sacramentos fueron instituidos mediatamente por Cristo. Pero ¿de qué modo? Todas las conciencias cristianas estaban en cierta manera incluidas virtualmente, como la planta en la semilla, en la ciencia de Cristo. Y como los gérmenes viven la vida de la simiente, así hay que decir que todos los cristianos viven la vida de Cristo. Mas la vida de Cristo, según la fe, es divina: luego también la vida de los cristianos. Si, pues, esta vida, en el transcurso de las edades, dio principio a la Iglesia y a los sacramentos, con toda razón se dirá que semejante principio proviene de Cristo y es divino. Así, cabalmente concluyen que son divinas las Sagradas Escrituras y divinos los dogmas.
A esto, poco más o menos, se reduce, en realidad, la teología de los modernistas: pequeño caudal, sin duda, pero sobreabundante si se mantiene que la ciencia debe ser siempre y en todo obedecida.
Cada uno verá por sí fácilmente la aplicación de esta doctrina a todo lo demás que hemos de decir

CARTA ENCÍCLICA PASCENDI DEL SUMO PONTÍFICE PÍO X SOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS

1er mandamiento

Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto» (Ex 20, 2-5) «Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, sólo a él darás culto» (Mt 4, 10).

Decálogo

Decálogo

Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios en estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22, 37; cf Lc 10, 27: “y con todas tus fuerzas”). Estas palabras siguen inmediatamente a la llamada solemne: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor” (Dt 6, 4). Dios nos amó primero. El amor del Dios Único es recordado en la primera de las “diez palabras”. Los mandamientos explicitan a continuación la respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a su Dios.

Cuando sea levantado, atraeré todos hacía mi

San Juan 6

6:1 Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades,
6:2 y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos.
6:3 Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos
6:4 Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.
6:5 Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos?»
6:6 Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer.
6:7 Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.»
6:8 Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro:
6:9 «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
6:10 Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil.
6:11 Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.
6:12 Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda.»
6:13 Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
6:14 Al ver la gente el signo que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo.»
6:15 Sabiendo Jesús que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.
6:16 Al atardecer, bajaron sus discípulos a la orilla del mar,
6:17 y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaún. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido a ellos;
6:18 soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse.
6:19 Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo
6:20 Pero él les dijo: «Soy yo. No temáis.»
6:21 Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
6:22 Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos.
6:23 Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan.
6:24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún, en busca de Jesús.
6:25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?»
6:26 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado.
6:27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello.»
6:28 Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?»
6:29 Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado.»
6:30 Ellos entonces le dijeron: «¿Qué signo haces para que viéndolo creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.»
6:32 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;
6:33 porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»
6:34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
6:35 Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.
6:36 Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis.
6:37 Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera;
6:38 porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
6:39 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día.
6:40 Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día.»
6:41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.»
6:42 Y decían: «¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?»
6:43 Jesús les respondió: «No murmuréis entre vosotros.
6:44 Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día.
6:45 Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí.
6:46 No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre.
6:47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna.
6:48 Yo soy el pan de vida.
6:49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron;
6:50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera.
6:51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.»
6:52 Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
6:53 Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
6:54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
6:55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
6:56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
6:57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
6:58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.»
6:59 Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaún.
6:60 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?»
6:61 Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza?
6:62 ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?…
6:63 «El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.
6:64 «Pero hay entre vosotros algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
6:65 Y decía: «Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»
6:66 Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él.
6:67 Jesús dijo entonces a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
6:68 Le respondió Simón Pedro: «Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna,
6:69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»
6:70 Jesús les respondió: «¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de vosotros es un diablo.»
6:71 Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote, porque éste le iba a entregar, uno de los Doce.

Diez mandamientos

El Decálogo forma una unidad orgánica en la que cada “palabra” o “mandamiento” remite a todo el conjunto. Transgredir un mandamiento es quebrantar toda la ley (cf St 2, 10-11)

Vida eterna

“¿Qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” — “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mt 19, 16-17)