Categoría: Guatemala

Modernistas reformadores


Queda, finalmente, ya hablar sobre el modernista en cuanto reformador. Ya cuanto hasta aquí hemos dicho manifiesta de cuán vehemente afán de novedades se hallan animados tales hombres; y dicho afán se extiende por completo a todo cuanto es cristiano. Quieren que se renueve la filosofía, principalmente en los seminarios: de suerte que, relegada la escolástica a la historia de la filosofía, como uno de tantos sistemas ya envejecidos, se enseñe a los alumnos la filosofía moderna, la única verdadera y la única que corresponde a nuestros tiempos.
Para renovar la teología quieren que la llamada racional tome por fundamento la filosofía moderna, y exigen principalmente que la teología positiva tenga como fundamento la historia de los dogmas. Reclaman también que la historia se escriba y enseñe conforme a su método y a las modernas prescripciones.
Ordenan que los dogmas y su evolución deben ponerse en armonía con la ciencia y la historia.
Por lo que se refiere a la catequesis, solicitan que en los libros para el catecismo no se consignen otros dogmas sino los que hubieren sido reformados y que estén acomodados al alcance del vulgo.
Acerca del sagrado culto, dicen que hay que disminuir las devociones exteriores y prohibir su aumento; por más que otros, más inclinados al simbolismo, se muestran en ello más indulgentes en esta materia.
Andan clamando que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero príncipalmente en el disciplinar y dogmático, y, por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman conciencia moderna, que íntegramente tiende a la democracia; por lo cual, se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada.
Las Congregaciones romanas deben asimismo reformarse, y principalmente las llamadas del Santo Oficio y del Índice.
Pretenden asimismo que se debe variar la influencia del gobierno eclesiástico en los negocios políticos y sociales, de suerte que, al separarse de los ordenamientos civiles, sin embargo, se adapte a ellos para imbuirlos con su espíritu.
En la parte moral hacen suya aquella sentencia de los americanistas: que las virtudes activas han de ser antepuestas a las pasivas, y que deben practicarse aquéllas con preferencia a éstas.
Piden que el clero se forme de suerte que presente su antigua humildad y pobreza, pero que en sus ideas y actuación se adapte a los postulados del modernismo.
Hay, por fin, algunos que, ateniéndose de buen grado a sus maestros protestantes, desean que se suprima en el sacerdocio el celibato sagrado.
¿Qué queda, pues, intacto en la Iglesia que no deba ser reformado por ellos y conforme a sus opiniones?
CARTA ENCÍCLICA PASCENDI DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XSOBRE LAS DOCTRINAS DE LOS MODERNISTAS
Boulevard 30 de junio, ahora Avenida Reforma, Guatemala

El escándalo

puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión. Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a “condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos del Sumo legislador” (Pío XII, Mensaje radiofónico, 1 junio 1941). Lo mismo ha de decirse de los empresarios que imponen procedimientos que incitan al fraude, de los educadores que “exasperan” a sus alumnos (cf Ef 6, 4; Col 3, 21), o de los que, manipulando la opinión pública, la desvían de los valores morales

El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o indirectamente ha favorecido “Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!” (Lc 17, 1).

Aborto

Aborto

Iniciativa 5272: Diputados proponen quitar derechos reproductivos por conseguir votos de grupos cristianos

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae” (CIC can 1398), es decir, “de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito” (CIC can 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad

Los que están sometidos a la autoridad

deben mirar a sus superiores como representantes de Dios que los ha instituido ministros de sus dones (cf Rm 13, 1-2): “Sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana. Obrad como hombres libres, y no como quienes hacen de la libertad un pretexto para la maldad, sino como siervos de Dios” (1 P 2, 1316). Su colaboración leal entraña el derecho, a veces el deber, de ejercer una justa crítica de lo que les parece perjudicial para la dignidad de las personas o el bien de la comunidad

Deber de los ciudadanos es cooperar con la autoridad civil al bien de la sociedad en espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad. El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. La sumisión a las autoridades legítimas y el servicio del bien común exigen de los ciudadanos que cumplan con su responsabilidad en la vida de la comunidad política

La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho al voto, la defensa del país: «Dad a cada cual lo que se le debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor» (Rm 13, 7) «Los cristianos residen en su propia patria, pero como extranjeros domiciliados. Cumplen todos sus deberes de ciudadanos y soportan todas sus cargas como extranjeros. Obedecen a las leyes establecidas, y su manera de vivir está por encima de las leyes. Tan noble es el puesto que Dios les ha asignado, que no les está permitido desertar» (Epistula ad Diognetum, 5, 510; 6, 10).

El apóstol nos exhorta a ofrecer oraciones y acciones de gracias por los reyes y por todos los que ejercen la autoridad, “para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad” (1 Tm 2, 2).

Las autoridades en la sociedad civil

El cuarto mandamiento de Dios nos ordena también honrar a todos los que, para nuestro bien, han recibido de Dios una autoridad en la sociedad. Este mandamiento determina tanto los deberes de quienes ejercen la autoridad como los de quienes están sometidos a ella.

El nombre cristiano

El sacramento del Bautismo es conferido “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19). En el bautismo, el nombre del Señor santifica al hombre, y el cristiano recibe su nombre en la Iglesia. Puede ser el nombre de un santo, es decir, de un discípulo que vivió una vida de fidelidad ejemplar a su Señor. Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se ofrece al cristiano un modelo de caridad y se le asegura su intercesión. El “nombre de Bautismo” puede expresar también un misterio cristiano o una virtud cristiana “Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano” (CIC can 855)

Prefracio propio de santa Luisa de Marillac, religiosa

Santa Luisa

Cada 9 de mayo, la Congregación de las Hijas de la Caridad, cofundada por el presbítero san Vicente de Paul y por la religiosa santa Luisa de Marillac, celebra la “solemnidad” de esta última. (Antes era el 15 de marzo, día de su muerte terrena, en 1660). El siguiente es el himno propio de la Liturgia de las Horas de dicha Congregación:

PREFACIO

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario
darte gracias y ofrecerte un himno
de bendición y alabanza,
Padre santo, Dios fiel y misericordioso,
y celebrar en la bienaventurada Luisa

tu admirable caridad.

Porque a ella le enseñaste
a mirar de tal modo la indigencia de los pobres
que llegara a ser testigo de tu amor en el mundo;
y a tu familia, que hoy se alegra con esta festividad,
la invitas a seguir las máximas evangélicas de la caridad

para instaurar el reino de la justicia y el amor cristiano.

Por eso, unidos a los coros angélicos,
te aclamamos llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo…

9 de mayo de 2020, para las Hijas de la Caridad, solemnidad de santa Luisa de Marillac, cofundadora de la Congregación, en el año 360° de su muerte terrenal.
Entrada dedicada a ella.

Asilo santa Luisa de Marillac, Quetzaltenango, Guatemala

La ha inventado Él


SÍ SÍ NO NO

La liturgia, el culto a Dios, es una realidad tan grande que para encontrar su origen nos debemos remontar a Dios. En la contemplación de su infinita perfección, Dios se alaba y se glorifica sin fin, amándose con un amor eterno. Solo Dios puede darse en plenitud culto a Sí mismo. Solo Él es infinito y eterno y, como tal, merece un culto infinito y eterno, que solo Él puede darse a Sí mismo.

Este culto – la divina Liturgia – realizado por Dios, ha tenido una manifestación visible – verdaderamente litúrgica- solo cuando la segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo, ha tomado la naturaleza humana, para rendir el pleno culto de adoración a Dios. Y así, Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, asocia al hombre que le acoge a su adoración eterna, a la divina Liturgia de la Trinidad.
Jesús, Liturgo del Padre
“Dios – afirma Prosper Geranger en su célebre obra Las instituciones litúrgicas – ha amado tanto al mundo que le ha dado a su único Hijo, para que lo instruyese en el cumplimiento del culto digno de Dios. Tras haber sido anunciada durante 40 siglos, una oración divina fue ofrecida, un sacrificio divino fue realizado, y todavía ahora y por la eternidad, Jesús, el Cordero inmolado se ofrece en el altar sublime (de la cruz, de la Iglesia y del Cielo), y rinde el culto de la única Religión verdadera, en nombre de los miembros de quienes Él es la Cabeza”.
Antes de Jesús, la Liturgia es practicada por los primeros hombres en el acto del sacrificio. Pensemos en los sacrificios de Caín Abel, al de Noé, que lo continúa tras el diluvio. Abrahán, Isaac y Jacob ofrecen sacrificios y levantan altares como “figura” del sacrificio de Jesús. Melquisedec, envuelto en el misterio de un Rey-Pontífice, tiene en sus manos el pan y el vino con los que ofrece un sacrificio pacífico, también él más que nunca figura del Sacrificio de Jesús.
En esta época primitiva, la Liturgia nunca es fluctuante y arbitraria sino precisa y determinada. No es invención de un hombre, sino impuesta por Dios, que alaba a Abrahán por haber observado no solo la Ley sino también las ceremonias del culto. En la Sagrada Escritura, Dios se revela como el Liturgo, el “Maestro de ceremonias” de su pueblo, como explica Moisés en el Deuteronomio: “¿Qué otro pueblo tiene ceremonias como tienes tú?” (Dt, 4, 8). “Escucha, Israel, las ceremonias y las leyes: aprendedlas y cumplidlas con vuestras obras” (Dt, 5, 1). Nehemías con mucho valor, citando las causas que arruinaron a Israel, no tiene miedo de decir: “No hemos custodiado, Señor, tu mandamiento y tus ceremonias” (Ne, 1, 7).
Todo se vuelve claro y cumplido en Jesús. En la plenitud de los tiempos, el Hijo de Dios se hizo hombre para cumplir a la perfección el culto, la tradición litúrgica de Israel, para dar a la humanidad el culto, la Liturgia verdaderamente digna y agradable a Dios. Tras su nacimiento, Jesús fue circuncidado, ofrecido en el templo de Dios, rescatado como establecía la Ley de Dios. Desde la edad de doce años visitó el templo y fue a menudo a ofrecer en él su oración en los años de su vida oculta y en los de su vida pública.
Comenzó su misión con un ayuno de 40 días; santificó el sábado, proclamándose Señor suyo; consagró con su ejemplo la oración en el corazón de la noche. En la última Cena, Jesús celebró la gran Acción Litúrgica con la Institución del Sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre, ofrecidos al Padre, y proveyó a su cumplimiento hasta el final de los siglos. Pocas horas después, Jesús concluyó su vida mortal, ofreciéndose en sacrificio en la cruz en adoración-alabanza a Dios, en expiación de los pecados y en impetración de salvación por la humanidad. Es el culto perfecto, la Religión absoluta, la liturgia definitiva, que la humanidad unida a Él ofrecería al Padre.
Con su vida, muerte, resurrección, Jesús estableció un Sacerdocio y un Sacrificio sin ocaso, que dura eternamente (Heb, 7, 24), una Liturgia que nunca será superada. Pero Jesús estableció también las grandes líneas de la Liturgia y del culto cristiano.
Todo viene de Jesús
Con la agudeza y la lucidez que le es propia, Santo Tomás de Aquino afirma que “per suam passionem, Crhistus initiavit ritum christianae Religionis” (por medio de su Pasión, Cristo inició el rito de la Religión cristiana): así, Jesús inauguró el culto cristiano comenzándolo incruento en la última Cena y lo consumó cruento en su Sangre en el Calvario. Debemos también a Jesús el rito exterior de los tres Sacramentos más importantes: el Bautismo, la Eucaristía y la Penitencia (= la Confesión).
Del Bautismo precisó la materia (= agua) y la forma (= las palabras: Yo te bautizo en el nombre del Padre…). De la Eucaristía estableció también la materia: el pan y el vino (el pan de trigo, el vino de uva) y la forma de las palabras consecratorias pronuncias por Él en la Última Cena: “Esto es mi Cuerpo…”, “Esta es mi Sangre…”. La Eucaristía debía ser el Sacrificio de la nueva y eterna Alianza, el acto litúrgico más importante, central: así quiso fijar las modalidades sustanciales con las que debía ser perennizada y celebrada.
(Lo que vamos a escribir lo tomamos del texto de M. Righetti, Manuale di storia liturgica, vol. I, Milano, 1964).
En base a las narraciones de los Evangelios:
1) el Señor Jesús instituyó la Eucaristía, gratias agens, pronunciando una fórmula eucarística de adoración y de acción de gracias, elevando una eulogia judía de Pascua a su excepcional y extraordinaria e inaudita circunstancia; y estableció que su Acto (= suprema Actio) fuera repetido por los siglos.
2) Jesús impuso a los Apóstoles que, al representar lo que Él había hecho, lo conmemorasen: “Haced esto en memoria Mía”, teniendo presente que ya, en el ritual judío, la “memoria” no es un mero recuerdo, sino “representación”“actualización”. ¿De qué? Representación de su sacrificio y de su muerte: su Cuerpo es “ofrecido en sacrificio”“su Sangre es derramada para el perdón de los pecados”. San Pablo precisa que con la Eucaristía se proclama su muerte: “Anunciáis la muerte del Señor hasta que Él vuelva” (1 Cor 11, 26).
3) Jesús quiso que la ofrenda sacrificial que los Apóstoles debían perpetuar, continuara la fórmula convivial. Pero, atención: no un convite con músicas y danzas mundanas, sino un convite sacrificial del que los creyentes participarían con la “Comunión” (= la manducación) de la Víctima divina que es Él mismo.
Todo esto es indiscutible y tenemos así ya certezas irrefutables. Pero ¿dio Jesús otras “normas litúrgicas”? Podemos responder que sí y aportamos documentación y razones seguras.
A) Los Hechos de los Apóstoles narran que en el tiempo entre la Resurrección y la Ascensión del Señor, Él se dejó ver muchas veces por los Apóstoles, “loquens de Regno Dei” (Hch 1, 3), “hablando del Reino de Dios”. Una de las tradiciones más antiguas de la Iglesia afirma que en aquellos frecuentes “encuentros”, Jesús fijó muchas normas del Culto litúrgico, como había dicho antes de sufrir y morir: “Tengo muchas cosas que deciros que ahora no podéis sobrellevarlas” (Jn 16, 12).
Eusebio refiere que Santa Elena, madre del emperador Constantino, construyó sobre el monte de los Olivos, una pequeña iglesia en una especie de caverna, donde según una antigua tradición, “discipuli et Apostoli… arcanis Mysteriis initiati sunt” (= los discípulos y los Apóstoles… fueron iniciados en los arcanos Misterios).
El texto de un Anónimo, conocido como Testamentum Domini (siglo V) narra que el mismo día de la Resurrección de Jesús, los Apóstoles preguntaron a Jesús: “quonam canone, ille qui praeest Ecclesiae, debeat constituere et ordinare Ecclesiam… quomodo sint Mysteria Ecclesiae tractanda” (= con qué regla, aquel que está a la cabeza de la Iglesia, debe constituir y ordenar la Iglesia… de qué manera deben ser tratados los Misterios de la Iglesia). Jesús les responde y explica con detalle las diferentes partes de la Liturgia.
Amigos, pocos conocen estos textos, pero es necesario conocerlos y meditarlos y crecer en el gozo y en la certeza de estar por don suyo en la Verdad.
Esta “Tradición”, que hemos ilustrado, es acogida por el gran papa San León Magno, el cual, en su sermón LXXII, 2 (P. L. 54, 395), afirma que “aquellos días entre la Resurrección y la Ascensión de Jesús no pasaron ociosos, sino que en ellos fueron confirmados los Sacramentos y fueron revelados grandes Misterios”. El papa Sixto V (1585-1590), en su bula Immensa, cerca de un milenio después, recordará: “La norma de creer y de orar que Jesús enseñó a sus discípulos durante el espacio de 40 días, no hay ningún católico que ignore que Él la confió por su medio a su Iglesia para que fuera custodiada y desarrollada”.
B) El papa San Clemente, discípulo de los Apóstoles y tercer sucesor de San Pedro en la Cátedra de Roma, escribiendo a los Corintios, dice: “Debemos hacer con orden todo lo que el Señor nos mandó que cumpliéramos en tiempos fijados, es decir, realizar las ofrendas y las Liturgias, y no por casualidad y sin orden, sino en circunstancias y en horas establecidas. Dónde y por quién quiere que sean celebradas, Él lo estableció con su soberana voluntad, para que siendo todo cumplido, según su aprobación, fuese bien aceptado por su voluntad” (Cor XL, en M. Righetti, op. cit., p. 42).
C) San Justino (siglos I-II) filósofo, apologeta y mártir, tras haber descrito cómo tiene lugar la celebración eucarística – la Santa Misa –, afirma que es celebrada el domingo porque “en ese día, Jesús, visto por los Apóstoles y por los Discípulos, nos enseñó las cosas que os hemos transmitido para vuestra consideración”. Esto quiere decir que las partes fundamentales de la Misa se remontan a la enseñanza de Jesús en el mismo día de su resurrección.
¿Afirmación genérica? Pero tanto Justino como el Autor anónimo del Testamentum Domini reflejan una tradición antigua y difundida, sumamente creíble. Así, en las comunidades cristianas de los primeros dos siglos, se encuentra un estilo de uniformidad en la acción y en la celebración de la Liturgia eucarística. Esto supone un principio de Autoridad, un método de acción, una organización primitiva que debe remontarse al mismo Jesús.
Por tanto, es bellísimo pensar y creer con la certeza de que la Santa Misa, no solo en su institución, sino también en sus normas fundamentales de celebración, no es obra de unos hombres, que elaboran en un escritorio (o sobre la marcha, según su propia creatividad o capricho) un proyecto de oración, sino que es obra del mismo Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote y Liturgo del Padre y de la Iglesia, como siempre ha considerado la insuperable Tradición católica. Sí, amigos, la Santa Misa la inventó Jesús con su amor y su “fantasía divina”, que es regla para nosotros. No los modernistas y los innovadores, sino solamente Jesús es Regla absoluta.
Candidus

Por la vida


El Calvario de Cabricán es una iglesia pequeña, colocada en alto, que hace de fachada al cementerio del lugar. Una gran explanada se extiende a sus pies. El lunes pasado, miles de personas la llenaban por todas partes y se amontonaban incluso por las gradas que conducen al pequeño oratorio.

Frente a él se colocó el altar donde se celebraría la santa misa. Ante el altar, en un ataúd cubierto con la bandera del municipio de Cabricán, yacía el cuerpo del padre Peter Mettenleiter. Había muerto el día anterior, después de una larga enfermedad. Presidí sus exequias, acompañado de numerosos sacerdotes de la Arquidiócesis de Los Altos, de las personas que estuvieron cerca del padre en sus últimos años y de esa inmensa, silenciosa y agradecida multitud de personas de Cabricán, pero también de muchos otros lugares de Quetzaltenango y Guatemala, que querían unirse a la acción de gracias, a la celebración de la fe, por el padre Pedro, como todos lo conocían.

¿Quién fue Peter Mettenleiter? Un sacerdote alemán que llegó a Guatemala en el año de 1975, a los 45 años de edad, como misionero de su iglesia de origen. El obispo de Quetzaltenango en aquella época, Luis Manresa, le asignó como sede de trabajo la Parroquia de Santiago Apóstol que, todavía hoy, abarca los municipios de Cabricán y Huitán. Como a muchos extranjeros, le impactaron dos cosas: la enorme pobreza de la gente, que carece de los bienes imprescindibles para una vida digna y la inmensa riqueza de esa misma gente —en este caso el pueblo mam—, en calidad humana, en lealtad hacia quienes los tratan con respeto, en generosidad solidaria y en fe cristiana. Creyó, como muchos, que esta riqueza espiritual era natural y se mantenía por sí sola y orientó su ministerio sacerdotal a aliviar la pobreza generalizada.

Creó una fundación en Alemania para captar fondos, con los que construyó y financió escuelas para la educación de los niños, pues sabía que la educación formal es el medio imprescindible para salir de la pobreza y estableció clínicas para fomentar la salud. Ante el drama de las migraciones de la gente de tierra fría a la costa para trabajos temporales, muchas veces inhumanos y degradantes, compró tierras en Ixcán. Allí surgió la aldea de Zunil, con gente proveniente de este municipio quetzalteco. Después del conflicto compró tierras para los desplazados internos en algunos lugares de la planicie costera guatemalteca. Dos o tres aldeas de desplazados son fundación de Pedro Mettenleiter. Cuando creyó que su misión en Guatemala había concluido, regresó a Alemania, pero ya no se halló en su tierra y volvió. Ejerció de párroco en otros lugares fuera de Cabricán. Pero al final, ya jubilado, se estableció en este pueblo y preparó allí su sepultura.

Peter Mettenleiter, movido por la caridad ejercida en nombre de Dios, se empeñó en promover la dignidad humana a través de proyectos de desarrollo. Miles le están agradecidos. Pero quienes carecen de bienes materiales buscan también la vida eterna que solo Cristo da, a través del Evangelio, de la fe y de los sacramentos

Iglesia de Cabricán Quetzaltenango

La Biblia en la Misa

Salmo 117:26 ¡Bendito el que entra en nombre de Yahvé! Os bendecimos desde la Casa de Yahvé.117:27 Yahvé es Dios, él nos ilumina. ¡Cerrad la procesión, ramos en mano, hasta los ángulos del altar!