Categoría: Rezar por los vivos y los difuntos

Comunión de los Santos


Al estar María en el elenco de los santos, podemos aplicarle todos los versículos que se aplican a los santos en general. Nos dirigimos a ella como intercesora. El Evangelio de San Juan recalca, incluso, el papel de María como intercesora, porque ella adelantó el ministerio público de Jesús. Le hizo notar una necesidad: en aquellas bodas de Caná, los recién casados se habían quedado sin vino. Aunque Jesús no hizo señal alguna de que accedería a la petición de la Virgen, ella se mostró confiada en que haría el milagro. María dijo a los sirvientes “Haced lo que os diga” (Juan 2, 5). Y Jesús convirtió las metretas repletas de agua en vino de la mejor calidad.

En este relato, más que en ningún otro referido a los santos, vemos que la oración de intercesión no nos distrae de Cristo, ni resta valor a sus obras. Y la actitud de María, como la de todos los santos, es esta: “Haced lo que Él os diga”, Ese es el modo en el que los santos entienden sus vidas, y por eso acudimos a ellos.

Caridad

de Cristo es en nosotros la fuente de todos nuestros méritos ante Dios. La gracia, uniéndonos a Cristo con un amor activo, asegura el carácter sobrenatural de nuestros actos y, por consiguiente, su mérito tanto ante Dios como ante los hombres.

Los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia «Tras el destierro en la tierra espero gozar de ti en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el Cielo, quiero trabajar sólo por vuestro amor  En el atardecer de esta vida compareceré ante ti con las manos vacías, Señor, porque no te pido que cuentes mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso, quiero revestirme de tu propia Justicia y recibir de tu Amor la posesión eterna de ti mismo» (Santa Teresa del Niño Jesús, Acte d’offrande á l’Amour miséricordieux: Récréations pieuses-Priéres).

Santa Teresa de Jesús

Devoción

La verdadera y sólida devoción consiste en una voluntad constante, resuelta, pronta y activa de ejecutar lo que se conoce ser del agrado de Dios.

San Francisco de Sales

Adopción filial

La adopción filial, haciéndonos partícipes por la gracia de la naturaleza divina, puede conferirnos, según la justicia gratuita de Dios, un verdadero mérito. Se trata de un derecho por gracia, el pleno derecho del amor, que nos hace “coherederos” de Cristo y dignos de obtener la herencia prometida de la vida eterna (cf Concilio de Trento: DS 1546). Los méritos de nuestras buenas obras son dones de la bondad divina (cf Concilio de Trento: DS 1548) “La gracia ha precedido; ahora se da lo que es debido [] Los méritos son dones de Dios” (San Agustín, Sermo 298, 4-5).

Él mérito

«Manifiestas tu gloria en la asamblea de los santos, y, al coronar sus méritos, coronas tu propia obra» (Prefacio de los Santos I, Misal Romano; cf “Doctor de la gracia” San Agustín, Enarratio in Psalmum, 102, 7)

Entonces, el mérito para quien es, si todo viene de Dios?

Comunión de los Santos

Apocalipsis 6, 9-116:9 Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron.6:10 Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?»6:11 Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser asesinados como ellos.


¿Se basa este breve pasaje en lo que sabemos sobre los mártires que ya gozan del cielo? Conocemos que ellos se comunican con Dios: clama a Dios y Él les responde. Sabemos que conocen lo que ocurre en la tierra, y que abogan por la causa del justo frente al injusto, y por la causa de la Iglesia frente a sus perseguidores. Sabemos también que poseen algún conocimiento previo del futuro, por la gracia de Dios. Saben lo que va a suceder a “sus compañeros y hermanos”. Lo que vemos en el Apocalípsis confirma lo que leímos en Hebreos: “los mártires en el cielo son como una nube de testigos” alrededor de sus hermanos cristianos de la tierra. Además en el cielo son intercesores de las necesidades de la Iglesia en la Tierra.

Justificación

La justificación libera al hombre del pecado que contradice al amor de Dios, y purifica su corazón.

La justificación es prolongación de la iniciativa misericordiosa de Dios que otorga el perdón. Reconcilia al hombre con Dios, libera de la servidumbre del pecado y sana

La justificación es, al mismo tiempo, acogida de la justicia de Dios por la fe en Jesucristo. La justicia designa aquí la rectitud del amor divino. Con la justificación son difundidas en nuestros corazones la fe, la esperanza y la caridad, y nos es concedida la obediencia a la voluntad divina