Categoría: Trabajo

Cruz


En la biblia se habla siempre de una manera positiva de la Cruz de Cristo y jamás en negativa (1 Cor 1, 17; Gálatas 6,14, Filipenses 3,18), En efecto, la Cruz es el símbolo de la victoria de Cristo contra el infierno y los demonios. Por esta razón las víctimas de las sectas y supuestas iglesias ilegítimas no la quieren.

Fe y razón

La opinión según la cual la fe como tal no conoce absolutamente nada de los hechos históricos y debe dejar todo eso a los historiadores, es gnosticismo. Esa opinión desencarna la fe y la reduce a pura idea. En cambio, para la fe que se basa en la Biblia, precisamente el realismo del acontecimiento es una exigencia constitutiva.
Un Dios que no puede intervenir en la Historia y manifestarse en ella, no es el Dios de la Biblia. Por eso, la realidad del nacimiento de Jesús de la Virgen María, la efectiva institución de la Eucaristía por parte de Jesús en la Última Cena, su resurrección corporal de entre los muertos –éste es el significado del sepulcro vacío–, son elementos de la fe en cuanto tal, que ésta puede y debe defender contra un presunto conocimiento histórico mejor. Que Jesús, en todo lo que es esencial, fue efectivamente el que nos muestran los evangelios, no es una conjetura histórica, sino un dato de fe. Las objeciones que quieran convencernos de lo contrario no son expresión de un conocimiento científico efectivo, sino una arbitraria sobrevaloración del método. Con esto llegamos ya al segundo nivel del problema: no se trata simplemente de hacer una lista de elementos históricos indispensables para la fe. Se trata de ver qué puede la razón, y por qué la fe puede ser razonable y la razón puede estar abierta a la fe. Todo ello, naturalmente, vale en una medida sin comparación mucho mayor donde entra en juego el hombre mismo, o donde se hace perceptible el misterio de Dios. Por tanto, fe y ciencia, Magisterio y exégesis no se contraponen ya como mundos cerrados en sí mismos. La fe misma es un modo de conocer. Quererla marginar no produce la pura objetividad, sino que constituye la elección de un ángulo que excluye una perspectiva determinada y ya no quiere tener en cuenta las condiciones casuales del ángulo elegido

Joseph Ratzinger
[En el centenario de la Pontificia Comisión Bíblica.Abril de 2004]

Decálogo

Decálogo

Jesús resumió los deberes del hombre para con Dios en estas palabras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22, 37; cf Lc 10, 27: “y con todas tus fuerzas”). Estas palabras siguen inmediatamente a la llamada solemne: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor” (Dt 6, 4). Dios nos amó primero. El amor del Dios Único es recordado en la primera de las “diez palabras”. Los mandamientos explicitan a continuación la respuesta de amor que el hombre está llamado a dar a su Dios.

Tribulación

Romanos 5

5:3  Más aún; nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia;
5:4  la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza,
5:5  y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado

Padre NORMAN WESLIN †

Consagración de una catedral


Terminadas la letanías de los Santos, se canta el Benedictus, repitiendo después de cada versículo las palabras del patriarca Jacob: Cuan terrible es este lugar!, Esta es realmente la casa de Dios y la puerta del Cielo!

Catedral Primada Metropolitana de Santiago, La construcción duro alrededor de tres décadas, inicio en 1782, finalizando el 15 de marzo de 1815 y fue el monseñor Ramón Casaus y Torres, Arzobispo Metropolitano quien abrió las puertas del recinto

Santo sacrificio de la misa

2181 La Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños) o dispensados por su párroco propio. Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave.

El Decálogo

forma un todo indisociable. Cada una de las “diez palabras” remite a cada una de las demás y al conjunto; se condicionan recíprocamente. Las dos tablas se iluminan mutuamente; forman una unidad orgánica. Transgredir un mandamiento es quebrantar todos los otros (cf St 2, 10-11). No se puede honrar a otro sin bendecir a Dios su Creador. No se podría adorar a Dios sin amar a todos los hombres, que son sus creaturas. El Decálogo unifica la vida teologal y la vida social del hombre