La ley natural es inmutable

(cf GS 10) y permanente a través de las variaciones de la historia; subsiste bajo el flujo de ideas y costumbres y sostiene su progreso. Las normas que la expresan permanecen substancialmente valederas. Incluso cuando se llega a renegar de sus principios, no se la puede destruir ni arrancar del corazón del hombre. Resurge siempre en la vida de individuos y sociedades:
«El robo está ciertamente sancionado por tu ley, Señor, y por la ley que está escrita en el corazón del hombre, y que la misma iniquidad no puede borrar» (San Agustín, Confessiones, 2, 4, 9)

Oración

Señor y Dios nuestro, que has manifestado tu salvación hasta los confines de la tierra, concédenos esperar con alegría la gloria del nacimiento de tu Hijo. Él que vive y reina contigo

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Está cerca el día del Señor;
mirad, él viene a salvarnos.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Mt 18, 12-14.
Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Lectura del santo Evangelio según San Mateo.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

Palabra del Señor

Oración

Vamos a subir al monte del Señor. Él nos enseñará sus caminos y caminaremos por sus sendas

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Mirad, el Rey viene, el Señor de la tierra,
él romperá el yugo de nuestra cautividad.
Aleluya, aleluya, aleluya.
EVANGELIO
Lc 5, 17-26.
Hoy hemos visto maravillas.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas.

UN día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.
En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:
«Hombre, tus pecados están perdonados».
Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:
«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:
«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».
Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían:
«Hoy hemos visto maravillas».

Palabra del Señor

Una Nube envolvente (la comunión de los santos)

La iglesia al recordar los hechos notables de los patriarcas de los patriarcas de Israel, hacía que continuasen ofreciendo su testimonio. Aquellas brillantes luminarias de la historia de la salvación han salvaguardado la fe, a pesar de lo mucho que les costó, hasta el punto de “padecer cadenas y cárcel”, o ser “apedreados, aserrados, muertos a espada, desplazados, atribulados y maltratados (Hb 11, 36-37). Cuando los cristianos escuchaban el testimonio de vida de estos testigos, se sentían fortalecidos ante la persecución. Pero los testigos hacen algo más que ofrecernos su ejemplo y testimonio. Los testigos también observan. Y el autor de la Carta a los Hebreos quiere que sus lectores sepan que los cristianos no estamos solos en el combate; que aquellos héroes están con nosotros y nos miran desde el paraíso, el cual será morada de todo aquel que persevere en la fe. Los Santo no nos miran desde la distancia. “Están alrededor de” los fieles en la tierra.

Jesús es Dios

¡Faltaría más! La Biblia de los testigos traduce el versículo 5 del capítulo 9 de la carta a los romanos: “el Cristo según la carne: Dios, que está sobre todos, sea bendito para siempre”. En este párrafo San Pablo afirma categóricamente la divinidad de Jesucristo, y esto no podían consentirlo los testigos. Solución: corregir a San Pablo; corregir a Dios mismo, cuya palabra aseguran los testigos que es la Biblia. De este modo, lo que era confesión de la divinidad de Cristo se convierte en una alabanza, no de Jesús, sino de Dios, “que está sobre todas las cosas, sea bendito, amén”. Algunos más –Wetstein, Tischendorf, Jülicher, Lietzmann– traducen el versículo citado de forma parecida a los testigos de Jehová; pero es tan débil y tan artificiosa su argumentación básica, que se derrumba por sí misma, tanto más cuando la doctrina de la divinidad de Jesucristo es clara en San Pablo, como en Flp 2,5-11; en Col 2,9, etc.