Eucaristía

Y así, los primeros cristianos lo hicieron, allí donde iban. Ya he mencionado el pasaje de Hechos (2, 42 y 46) donde Lucas enumera “la fracción del pal” entre las características distintivas de la iglesia. Los otros capítulos de los Hechos lo corroboran, porque en ellos observamos repetidamente que la comunidad, “hace esto” en conmemoración de Jesús (cf Hechos 20,7 y 27, 35) en Hechos 13,2 nos encontrabmos el culto público de la Iglesia definido con una palabra familiar para los católicos. Esa palabra es “liturgia” (de la raiz griega leitourgia). Vemos tambien en ese pasaje que los apóstoles, como los católicos de hoy, ayunaban para la celebración de la Misa.

Jesucristo

Convenía, dice, que tuviésemos un pontífice santo, inocente, inmaculado, superior a los pecadores y elevado más alto que los Cielos. La ley establecía sacerdotes a hombres sujetos a enfermedades y miserias; pero la palabra de Dios, confirmada con su juramento, estableció pontífice para siempre a su Hijo, que es perfecto

Hebreos 7, 26-28

Confesión

El secreto del sacramento de la Reconciliación es sagrado y no puede ser revelado bajo ningún pretexto “El sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo” (CIC can 983, § 1)

Oración

Reyes, haced justicia y derecho, librad al oprimido de la mano del opresor

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 12, 54-59.

Sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente?.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, decía Jesús a la gente:
«Cuando veis subir una nube por el poniente, decís enseguida: “Va a caer un aguacero”, y así sucede. Cuando sopla el sur decís: “Va a hacer bochorno”, y sucede.
Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?
Por ello, mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez y el juez te entregue al guardia y el guardia te meta en la cárcel.
Te digo que no saldrás de allí hasta que no pagues la última monedilla».

Palabra del Señor.

El respeto a la verdad



El derecho a la comunicación de la verdad no es incondicional. Todos deben conformar su vida al precepto evangélico del amor fraterno. Este exige, en las situaciones concretas, estimar si conviene o no revelar la verdad a quien la pide

La caridad y el respeto de la verdad deben dictar la respuesta a toda petición de información o de comunicación. El bien y la seguridad del prójimo, el respeto de la vida privada, el bien común, son razones suficientes para callar lo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto. El deber de evitar el escándalo obliga con frecuencia a una estricta discreción. Nadie está obligado a revelar una verdad a quien no tiene derecho a conocerla (cf Si 27, 16; Pr 25, 9-10).

Oración

Abrid de par en par las puertas a Cristo

Evangelio

Aleluya, aleluya, aleluya.
Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura
con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él.
Aleluya, aleluya, aleluya.

EVANGELIO
Lc 12, 49-53.

No he venido a traer paz, sino división.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Palabra del Señor

Catedral



Tiene algo distinto, posee algo único. Es grande, es inmensa, y no es fría ni distante. Habitualmente se incluye en el recorrido turístico de la ciudad, pero no es un museo, ni un edificio muerto habitado por sombras del pasado y memorias de lo que fue tal vez alguna vez.

La catedral es un edificio vivo. El Espíritu Santo es su gran animador. En la catedral hay vida sobrenatural, la de la gracia y los sacramentos, y vida activa, la del pueblo cristiano que acude, que es convocado, que reza.

La catedral es un gran edificio, una mole. Su tamaño está pensado con una doble coordenada: glorificar a Dios y levantar un templo hermoso por Dios y para Dios, y al mismo tiempo, capaz de albergar a los fieles cristianos de toda la ciudad y diócesis. Ver una catedral, tan grande y tan hermosa y tan alta, es recordatorio perenne doble: por un lado buscar en todo la gloria de Dios, por otro lado entender que ese edificio alberga algo tan vivo como la Iglesia cuando se reúne para la santa liturgia y todos cabemos y todos tenemos un lugar.

La catedral suele ser alta, además con un campanario que destaca sobre el conjunto de las demás edificaciones locales. La catedral se suele hacer visible desde muchos puntos de la ciudad; antes, sin edificios altos sino casas bajas, sí dominaba la vista de todo. A ella concurren las miradas. Es un signo para los hombres, es un signo para cada generación: el signo de Dios que pone su morada en medio de nosotros, aunque tal vez no le demos tanto relieve, ocupados en mil cosas. Su belleza llama la atención, es un reclamo. Se produce una primera epifanía, la de la belleza de Dios:

“Al contemplar las bellezas creadas por la fe, constatamos que son sencillamente la prueba viva de la fe. Esta hermosa catedral es un anuncio vivo. Ella misma nos habla y, partiendo de la belleza de la catedral, logramos anunciar de una forma visible a Dios, a Cristo y todos sus misterios: aquí han tomado forma y nos miran. Todas las grandes obras de arte, todas las catedrales –las catedrales góticas y las espléndidas iglesias barrocas- son un signo luminoso de Dios y, por ello, una manifestación, una epifanía de Dios” (Benedicto XVI, Enc. con el clero de la diócesis de Bolzano-Bressanone, 6-agosto-2008).

Es un signo: es la morada de Dios. Pero es signo también de la Iglesia misma, Madre, en medio de sus hijos. Es la Iglesia, cercana a los gozos y esperanzas, a las angustias y tristezas del hombre de cada época, de cada persona. Es signo de la Iglesia que está presente, no escondida, amordazada o acobardada, señalando al Único que puede salvar: Jesucristo.

¡Hay más! La catedral, tan grande, tan hermosa, tan potente, está formada por muchas piedras, cada cual en su sitio, que permite distintas pilastras y columnas, arcos y bóvedas, ábsides, arbotantes, fachadas, etc… Muchas piedras, distintas, con diferentes funciones pero todas necesarias para sostener y equilibrar las fuerzas del conjunto. ¿No es bello? Así mismo es la Iglesia: cada cual, por el bautismo, es una piedra viva, una piedra santa, que se inserta en la Iglesia. Mirar una catedral es reconocerse cada uno una pequeña piedra en la construcción espiritual de la Iglesia: ser piedra fiel, en la vocación propia y con el apostolado que se le haya confiado; ser una piedra tratada que se catedral de burgosajuste bien a las otras piedras, por la penitencia, la mortificación y la caridad, sin pretender destacar. ¡Piedra viva de la Iglesia!

Tu catedral, hermosa, puede ser románica, gótica, renacentista, barroca, neogótica… y, de forma independiente a su estilo arquitectónico-artístico, nos lleva una reflexión ulterior. La Iglesia es perenne, nació de Cristo y la Iglesia culminará su trayectoria terrena cuando venga el Señor en su gloria.

La Iglesia la han formado y la forman multitud de generaciones que antes de nosotros han sido fieles católicos y han transmitido la fe a sus hijos y a sus nietos. Entramos en una catedral que años atrás, siglos atrás, convocó a otras generaciones cristianas. Seamos humildes. La Iglesia no nace con nosotros, no la hacemos nosotros a nuestro gusto y diseño, no adquiere vida con nosotros como si todo lo anterior fuera malo o no hubiese existido: la Iglesia no nace con nuestros Sínodos, reuniones, programas pastorales… ni se ahoga con nosotros. ¡Cuánta autosuficiencia hay hoy con esto! ¡Como si la Iglesia verdadera la hubiésemos descubierto y fabricado nosotros! La Iglesia permanecerá después de nosotros hasta la venida de Cristo. La Iglesia es Tradición viva. Seamos humildes y fieles a ella. A eso nos invita la contemplación de la catedral

Javier Sánchez Martínez

Faltas cometidas contra la justicia y la verdad



Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia