Creencias fundamentales: deísmo, sincretismo, panteísmo y gnosis



Una amalgama de todas ellas con alguna más que requiere tratamiento separado – constituye lo que bien puede llamarse <religión masónica>; un popurrí de elementos compatibles entre sí, de los que ninguno lo es, en cambio, con la fe de la Iglesia Católica. Ni, realmente, con el resto de confesiones cristianas o monoteístas en general- por más que algunas se adaptaron como pudieron o hicieran la vista gorda ante las prácticas de la secta, a veces durante siglos. El ser una religión polifacética es lo que hizo que resultara tan disolvente: cada grupo o individuo, cada Obediencia masónica, puede fijarse preferentemente en el aspecto que más le convenga o le atraiga. Podría parecer algo muy cómodo, abierto, interpretable.. Una religión a la carta para quien se aproxime a ella por vez primera. Pero no lo es; por el contrario, resulta sumamente exigente e intolerante, aunque se haya presentado siempre como el paradigma del respeto por las creencias ajenas. No es esa la realidad; la «corrección política» es un invento masónico: el amordazar al adversario afectando respetarle mientras se le exige el máximo respeto. Esta es una de las claves del secreto masónico, un secreto tan celosamente guardado como veremos enseguida. Las Constituciones de Anderson son un texto sumamente revelador, donde se contienen las obligaciones fundamentales del masón, los landmarks, que caracterizan a la llamada Masonería regular, precisamente por respetarlos. Aparecía ya entre ellas la obligación de guardar el secreto masónico asumiendo el candidato, en el grado primero de su iniciación, el de aprendiz, los más graves castigos si llegara a violarlo: Además prometo solemnemente que no escribiré estos secretos, ni los dictaré, esculpiré, marcaré o dibujaré de ningún modo. Tampoco incitaré a otros a hacerlo ni toleraré que otros lo hagan, si está en mi mano evitarlo, sobre cualquier cosa móvil o inamovible bajo la bóveda del Cielo, dondequiera que una letra, carácter o dibujo o la más mínima traza de letra, carácter o dibujo se pueda leer o comprender [..] para que nuestras artes secretas y misterios ocultos no sean inadecuadamente conocidos por culpa de mi imprudencia. Juro solemnemente observar todos estos puntos sin subterfugio, equívoco o restricción mental alguna bajo una pena no menor – si violase alguno de ellos que mi cabeza sea cortada, mi lengua arrancada de raiz y enterrada en la arena del mar sobre la línea de la marea baja, o a la distancia de un cable desde la playa, donde la marea regularmente fluye y refluye dos veces en 24 horas.

No olvidemos el juramento y el secreto que volveremos a encontrar como una de las múltiples causas de las condenas pontificias.  En este primer reglamento se establece que el masón no podrá ser un <estúpido ateo>, sino profesar <lo común a todas las religiones>: <Nosotros (los masones) pertenecemos a la religión universal [.] la religión en la cual están de acuerdo todos los hombres>  dicen las Constituciones de Anderson, partiendo, además, de la creencia en el Gran Arquitecto del Universo, (G.A.D.U.) el Ser Supremo de los deístas, tan alejado del Dios de la Revelación; un creador del mundo, nebuloso, lejano, no providente, al que se adora aunque no se le reza. En el mejor de los casos, sería el Dios de los filósofos socráticos, al que llegaron los griegos del siglo V a.C. Volveremos sobre esta divinidad más adelante, porque analizaremos ahora lo que significaba ese <común a todas las religiones>: Quedaba ya establecido un claro sincretismo religioso que será el origen del relativismo masónico, el venenoso legado de la secta al pensamiento europeo, convertido con el tiempo en verdadero dogma; pensamiento único; origen de un totalitarismo excluyente de todo el que se adhiera a la Verdad. San Juan Pablo II lo denunció lúcidamente: Hoy se tiende a afirmar que el agnosticismo y el relativismo escéptico son la filosofia y la actitud fundamental correspondientes a las formas políticas democráticas, y que cuantos están convencidos de conocer la verdad y se adhieren a ella con firmeza no son fiables desde el punto de vista democrático, al no aceptar que la verdad sea determinada por la mayoría o que sea variable según los distintos equilibrios políticos. Es el mismo papa que hablaba de una verdadera <dictadura del relativismo>, cada vez más evidente, que imposibilita al católico a adecuarse a una realidad legal impuesta, frecuentemente, en total contradicción con la ley natural. Mucho antes, algunos de sus antecesores hablaban de los peligros del relativismo impuesto por la secta como otra causa de su condena. Lo que fue amenaza se ha convertido en una realidad.

Manuel Guerra, Masonería, religión y política, pp. 58-60
Walton Hannah, Darkness Visible…, p. 60, en Ricardo de la Cierva, La Masonería invisible..,. P. 67
Manuel Guerra, Masonería, religión y  política p. 53
Manuel Guerra, La trama masónica, p. 137
San Juan Pablo II, Carta Encíclica Centesimus annus, 46 (1991)
Por qué dejé de ser masón. Serge Abad-Gallardo

*El masón arrepentido Serge Abad-Gallardo, publicó en su libro Por qué dejé de ser masón, la siguiente fórmula de juramento, practicada actualmente en su logia: <-Yo, hermano (o hermana) juro y prometo solemnemente, en presencial de esta respetable asamblea, no revelar jamás a ningún profano ni tampoco a ningún aprendiz los secretos correspondientes al grado de compañero. Juro estudiar y practicar las enseñanzas que acaban de serme dadas y renuevo mi promesa de amar a mis hermanas y hermanos y de socorrerles en la necesidad. Y si cometo perjurio, que me sea arrancado el corazón para que no se hable de mí entre los masones>

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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