La insatisfacción con el idealismo por su percibida banalización del ser humano dio origen al existencialismo, corriente filosófica cuyo principal propósito fue la promoción del individuo. Sus raices se encuentran en el pensamiento del filósofo danés Soren Kierkegaard (1813-1855) y Friedrich Nietzsche quienes criticaron las interpretaciones racionalistas, naturalistas materialistas y religiosas del ser humano. El existencialismo floreció en Europa continental después de la Segunda Guerra Mundial, destacando las contribuciones de Martin Heidegger (1889-1976) y Jean Paul Sartre (1905-1980).
Para el existencialista el concepto filosófico de esencia es dispensable; el ser humano es dueño y responsable absoluto de su propia vida y su única obligación es consigo mismo. Rechaza categóricamente la idea de conocimiento universal y absolutiza la libertad y autonomía del individuo contribuyendo decisivamente a posturas marcadamente individualistas
