No sería justo ni conveniente atribuir la responsabilidad de la confusión que existe sobre el tema sólo a los medios de comunicación, pues su efectividad sería menor si los pastores de la Iglesia redoblaran sus esfuerzos oportuna y pacientemente para dilucidar la cuestión a su rebaño y al mundo, y si los historiadores, a su vez, se abocaran a la investigación científica en vez de calcar antiguos apriorismos. Lo mismo cabe decir sobre algunos vaticanistas, incluso aquellos de filiación católica -a los que se presupone mejor entendidos-, que fallan en la interpretación de este gran tema, intencionadamente o no, así como fallan en la interpretación de los gestos pontificios en general.
Esta grave pasividad, silencio o subestimación en torno a esta situación ha contribuido sin dudas a robustecer la creencia popular de que el Mea Culpa pontificio supuso, en menor o mayor medida, un pedido de perdón general por todo cuanto hizo la Iglesia en el pasado. El mayor obstáculo que suele encontrar el católico para comprender rectamente estas cuestiones es, frecuentemente, el mismo católico desinformado o sin suficiente formación. Muchos de esos católicos, es cierto, proceden sin mala fe, pero arriban, al fin, al mismo puerto que los malintencionados. Para ilustrar mejor esta realidad, imaginemos un caso por demás práctico y cotidiano, el de un joven que, con el objeto de dilucidar sus dudas e inquietudes frente a estos hechos, se aventura a buscar respuestas. ¿Con qué se encuentra?
⁃ La ignorancia del sacerdote. Comenzará dirigiéndose, naturalmente, a su parroquia. Difícilmente encontrará respuesta en el sacerdote, ajeno, por lo general, a la trama de estos asuntos espinosos. Fuera del sacerdote ¿a quién más podrá recurrir?, teniendo en cuenta que la bibliografía existente, al menos la que propone objetivamente este tema, es dificil de hallar, si no imposible. Podrá suceder que nuestro joven, desilusionado ante la falta de respuestas y dando por verídico el refrán que dice «el que calla otorga», termine por aceptar aquello a lo que en un principio daba poco crédito. Pero podrá suceder también que, poco amigo del conformismo y las vaguedades, persista en su loable búsqueda de la verdad. Es aquí cuando tarde o temprano se topará con aquel personaje que Leonardo Castellani, en Iengua de Tango, denominó «el católico mistongo» – El católico de buena voluntad, pero equivocado. Como tal se puede definir a aquel que, en aras de la paz, llevado de un confuso y mal comprendido espíritu ecuménico , entiende que la caridad cristiana sugiere dar crédito a todo cuanto exijan otras religiones y detractores varios, sin oponer reparos; a olvidar el pasado y desistir de su investigación, aun si esto pudiera significar la confirmación de antiguos prejuicios contra la Iglesia. Invita, festeja y exhorta un pedido de perdón indiscriminado e injustificado, creyendo que de esta forma se verá favorecida la imagen de la Iglesia frente al mundo, sosteniendo al unísono que «la fuerza debe ser condenada categóricamente, sin distinciones de tiempo o circunstancia». En tal concepción Se advierten, ante todo, cuatro graves yerros.
Primero, que no se puede faltar a la verdad a fin de agradar a otros, menos todavía si a partir de tal gesto pudiera desprenderse una condena, implícita o explícita, total o parcial, hacia una institución y la memoria de cuantos en ella procedieron íntegramente.
Segundo, que esta concepción de condenar a la fuerza por la fuerza misma se opone totalmente a la doctrina universal y bimilenaria del Magisterio de la Iglesia, que advierte la legitimidad, cuando no la obligación, en ciertos casos y bajo ciertas condiciones y circunstancias, de la guerra justa y la legítima defensa. Recordemos que el mismo «Papa de la paz». Juan Pablo II, siempre reconoció este derecho.
Tercero, que al pretérito debe juzgárselo dentro de SU propio contexto histórico.
Cuarto y último, no se debe temer al pasado, máxime si no hay razón para ello. Ningún favor hará nadie a la Iglesia retractándose de dos mil años ciertamente ricos en frutos de santidad No sólo se miente por lo que se dice sino también por lo que se calla,
Nuestro joven, convencido de la voluntad autocrítica y conciliatoria de la Iglesia, confirmará su adhesión y amor filial. Pero este amor no es suficientemente legítimo si no es razonado, si nace desde la ignorancia y por razones equivocadas: no ama verdaderamente aquel que sólo reconoce su grandeza, sino aquel que informado e interesado por sus problemas, ante la injusticia asiste al amado y ante sus errores le insta a repararlos. Si éste es el caso, entonces será cuestión de tiempo para que ceda al tercer escollo; si es que tuvo la suerte de no haberlo cruzado antes que al mistongo.
– El «católico» de mala voluntad, informado y equivocado. A diferencia de los primeros, suele contar con los conocimientos y la evidencia suficiente para probar, justamente, lo contrario de lo que afirma. Precisamente por esto los denominamos «católicos» de mala voluntad. Se encuentran generalmente enrolados en el denominado «movimiento tercermundista» o de la teologia de la liberación, corriente condenada terminantemente por Juan Pablo II y Benedicto XVI. Pero, más ampliamente, en todas las variantes del progresismo. Tal el caso del cardenal -y teologo – Von Balthasar, que en el año 1965 acusaba a la Iglesia Católica de «bautismos forzosos, tribunales de la Inquisición, autos de fe, noches de San Bartolomé, conquistas de continentes extranjeros a sangre y fuego para llevar, con motivo de una explotación brutal, el mensaje de la religión y la cruz y del amor, injerencias indeseadas y totalmente necias en problemas derivados del avance de la ciencia, bandos y excomuniones dictados por una autoridad espiritual que actúa y quiere ser reconocida como política […] Acciones penosas sin fin». Cosas más inverosimiles, y por supuesto infundadas. sostendrá el aún vigente teólogo apóstata Hans Küng, llegando a sugerir el número de brujas quemadas por la Inquisición en ¡9 millones!, cifra que ni en su centésima parte llegaron a insinuar los más exaltados enemigos de la Iglesia Católica. El del «católico» Küng es uno de los casos más evidentes de esta mala voluntad a conciencia. Bastará decir que recientemente, en entrevista al diario alemán Frankfurter Rundschau y la emisora Deutschlandfunk (recogida por el
diario español El Pais, 2 1-4-10), ha pedido, junto a otras organizaciones «católicas», explícita y enérgicamente, la dimisión del Papa.
Si bien estas voces radicales son fácilmente rebatibles por la investigación científica y aun por el sentido común más elemental, resultan de una particular peligrosidad para los católicos por provenir justamente de la misma Iglesia. Y, en rigor de verdad, no son muchos los católicos en capacidad y tiempo de discernir apropiadamente entre lo cierto y lo falso, ni tampoco aquellos que distinguen oportunamente entre el magisterio de la Iglesia y las voces particulares y aisladas. iSerá suficiente que lo haya dicho un obispo, cardenal o teólogo de entre cien mil para darle crédito!
Para poder entender lo que a priori pareciera incomprensible -esto es como un obispo o cardenal atribuye a «su» misma Iglesia peores crímenes que los imaginados por sus adversarios?- hay que comprender, primero, la existencia de una contra-iglesia; de un «magisterio paralelo» en su mismo seno. Que esto fue y sigue siendo una realidad no es algo que haya sido observado y denunciado sólo por sectores que podrían ser calificados como propensos a la exageración.
El mismo Pablo VI había reconocido explícitamente un proceso de autodemolición en la Iglesia, advirtiendo que «el humo de Satanás» había entrado en ella, en clara alusión al progresismo que por diestra y siniestra se iba acomodando, especialmente en tiempos del Concilio Vaticano II. La actualidad ofrece ejemplos concretos de esta realidad, casos de teólogos, obispos, cardenales y sacerdotes que no sólo se atreven a dudar del magisterio pontificio, desobedeciéndolo sin ningún tipo de reparos, isino a atacarlo abiertamente! Asi, se encuentran algunos de ellos apoyando, por acción u omisión, la práctica del aborto, los «matrimonios» homogenéricos, la desnaturalización del sacerdocio y postulados contrarios a la doctrina católica. Hace poco tiempo, en marzo de 2010, monseñor Giampaolo Crepaldi, arzobispo de Trieste y Presidente del Observatorio Internacional Cardinale Van Thuân, denunció esta situación. Por cierto, no fue el primero. Al respecto convendrá consultar asimismo los voluminosos y documentados trabajos del historiador español Ricardo de la Cierva, donde prueba de modo categórico la infiltración del marxismo dentro de la Iglesia Católica a partir de los años 30
Si se pidiera alguna voz insospechada, ninguna mejor que la del rabino Yehuda Levin, líder religioso de un grupo de 800 rabinos ortodoxos. Hace unos años, defendiendo la posición de Benedicto XVI frente al tradicionalismo, dijo: «Me doy cuenta que es muy importante llenar los bancos de la Iglesia Católica no con católicos culturales o izquierdistas que contribuyen destruir a la Iglesia y corromper: SUS valores [..] Esta corrupción tiene un efecto contagioso en todas y cada una de las comunidades religiosas en el mundo». Tampoco es esta la primera vez que se encuentran observaciones similares en las voces honestas de autoridades de otras religiones
El escepticismo en cuanto a la religión es probablemente mayor que nunca antes. Supone grave imprudencia no tomar plena e inmediata conciencia sobre la necesidad de instruir debidamente en la verdad histórica a todos cuantos forman parte del Cuerpo Místico de Cristo. No es pretensión de este libro llevar a cabo esa tarea, que exige mucha capacitación y por cierto excede sus límites. Pero sin ánimo regalista, y a modo de humilde aporte, se harán notar uno o dos aspectos de importancia.
Como se ha dicho, no es imperativo al sacerdote ser un experto en Historia de la Iglesia, pues le bastaria con saber las generalidades del caso y luego, si fuera necesario, para profundizar los temas, remitir a los entendidos, que sin duda los hay. Asimismo, por ejemplo, podría ser conveniente que cada diócesis organizara periódicamente seminarios, de asistencia obligatoria, sobre los lugares más Comunes de estas leyendas negras. Los concurrentes podrían estar sujetos a una evaluación anual a cargo de un legado designado por el pontífice o el Magisterio quien decidiría, de acuerdo a las calificaciones, las medidas a tomar en cada caso particular
Si no se tomaran medidas al respecto, serán, seguramente, más almas las que se alejen de la salvación, creyendo confirmados los prejuicios contra su Iglesia.
*Manifiesto, entre otros casos, en su discurso pronunciado en la Karlsplatz, Viena, el 12 de septiembre de 1983, en ocasión al 300 aniversario de la batalla de viena. Dice, entre otras cosas: «Aquí, en Viena, queremos rendir homenaje al Rey Juan I Sobieski porque defendió a la patria amenazada por el enemigo y se esforzó por defender a Europa, a la Iglesia y a la cultura cristiana, cuando estas se encontraban ante peligro de muerte [.] Recordamos a los ejércitos, a las ordenes del rey, sobre todo a nuestros compatriotas, que con la caballería combatieron en Viena. Recordamos y rendimos honor al sacrificio y valentia con que vinieron; por medio de ellos venció Dios». Cit. en Revista Cabildo, Buenos Aires, abril del 2000, p.25.
Hans Urs Von Balthasar, Chi e il cristiano?, Queriana, Brescia, 1996, p.13.
Luigi Acattoli, ob.cit.P.20.
*Aunque en rigor no podremos decir que actuara el cardenal concientemente en mala voluntad, pues, a pesar de haber sido un teólogo polémico, será, parece, uno de los teólogos preferidos de Juan Pablo II. El problema surge cuando este teólogo se aventuro a hablar sobre temas históricos prescindiendo de los archivos sobre el tribunal de la Inquisición, cuales tenía a su entera disposición; y es aquí, en este asunto, que, sin desmedro de sus valiosísimos aportes teológicos, se expide en similares términos que los más conocidos libelistas anticatólicos. La personalidad contradictoria de este cardenal es caracteristica en la que prácticamente todos sus biógrafos coinciden
Giampaolo Crepaldi, Los antipapas y los peligros del magisterio paralelo, 22 de marzo de 2010, cfr.zenit.org.
Hilary White, corresponsal en Roma para LifeSiteNews.com, 11 de febrero de 2009, cfr. http://www.lifesitenews.com/ldn/2009/feb/09021112.html
La Inquisición: Un tribunal de misericordia Cristián Rodrigo lturralde
