Lo que la Iglesia enseña acerca del amor, el sexo y el matrimonio es verdad.



Esto debería ser obvio por sí solo, ya que ninguna otra cosa parece traer a las familias una felicidad duradera. Los críticos acusan a los Papas de no estar en contacto con la realidad y de estar desfasados. Pero en realidad es «la liberación» sexual de la sociedad la que ha demostrado que no funciona en el mundo real, pues destroza hogares y corazones, y abruma los cuerpos con la enfermedad, y las almas con el pecado. Las enseñanzas de la Iglesia sirven y funcionan en el mundo real porque están basadas en nuestra naturaleza.

La ley moral procede de Dios, quien creó el mundo real, la naturaleza humana y nuestros cuerpos. Él nos conoce mejor que nosotros mismos. Nos ama más de lo que nos amamos nosotros o podemos amar a los demás. Por tanto, su ley, más que reprimirnos, nos perfecciona y nos conduce por el buen camino. No es más represiva de lo que pueda ser un mapa para un viajero. A diferencia de cualquiera de sus alternativas, la doctrina de la Iglesia tiene sentido y funciona. Eso debería ser suficiente para aconsejarla; pero hay más razones, e incluso mejores, para hacerlo: esta doctrina no sólo se basa en la ley natural conocida por la razón, sino también en la ley divina confirmada por la fe.

Todos los cristianos, a lo largo de la historia, vieron con claridad esta cuestión, hasta que la revolución sexual del pasado siglo XX confundió muchas mentes. El mundo antiguo conocía perfectamente el control de natalidad, el divorcio, la homosexualidad, el adulterio, el aborto y las relaciones prematrimoniales. En muchos lugares del Imperio romano estas prácticas eran tan comunes y socialmente aceptables como lo son hoy en día en Estados Unidos. Sin embargo, los cristianos condenaban unánimemente esas acciones. Y la Reforma protestante asumió esta tradición. De hecho, protestantes y católicos compartieron una misma ética sexual durante cuatrocientos años a partir de la Reforma. En materia de amor, sexo y matrimonio, la tradición cristiana proclamó la misma doctrina hasta la década de 1930

Scott Hahn
Kimberly Hahn. El amor que da vida, El maravilloso plan de Dios para el matrimonio

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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