Mientras las ideas fueron centrales para la concepción platónica del alma, Aristóteles resaltó la experiencia práctica del hombre. Consideró que, si bien somos seres racionales, es a través de nuestros sentidos que acumulamos conocimiento, pero rechazó que las ideas sean formas visuales separadas de los objetos observados. No obstante, al igual que su maestro Platón Aristóteles diferenció la actividad perceptiva o sensorial de la actividad intelectual sosteniendo que todas las ideas se derivan de nuestra experiencia. Por lo tanto, el mundo material no es solo una realidad pasiva sino también causa de nuestras ideas. Obtenemos todo nuestro conocimiento mediante la experiencia, aunque siempre acompañada por la razón. Es esta capacidad de experimentar el mundo racionalmente la que nos diferencia de los animales. La concepción platónica de ‘idea’ como objeto de conocimiento auténtico y el empirismo sensorial aristotélico tuvieron un impacto decisivo en la concepción cristiana del alma. A la esencia racional del ser humano, los teólogos cristianos afirmaron que las ideas no residen en nuestras almas sino en Dios. Según Agustín de Hipona (354-430), uno de los principales exponentes de la teología antropológica -el estudio del ser humano y su relación con Dios — los seres humanos somos una unidad perfecta entre cuerpo y alma. Sin embargo, fuertemente influenciado por la obra de Platón, Agustín de Hipona reconoció que ambas son metafísicamente distintas. Para el filósofo escolástico Santo Tomás, quien tuvo a Aristóteles como principal referente intelectual, Dios es condición necesaria para adquirir cualquier tipo de conocimiento del mundo natural. Ahora bien, si el alma posee capacidades cognitivas, entonces no es solo un elemento pasivo porque también nos permite hacer inferencias, tomar decisiones y act uar en consecuencia. Del vínculo entre las valoraciones que nos ayudan a tomar decisiones y las acciones guiadas por estas deliberaciones se desprenderá nuestra moral. La representación de objetos externos mediante ideas no convenció a René Descartes quien argumentó que las ideas alojadas en nuestra mente- término equivalente al ‘alma’ de los griegos antiguos – no garantizan que los objetos que observamos sean representados fielmente. En ‘Discurso del método’ (1637) Descartes acuñó la famosa locución Cogito ergo sum- Pienso, luego existo – con la cual estableció los fundamentos del racionalismo occidental. Decidido a fundar una filosofía tan precisa y rigurosa como la fisica y matemática, Descartes desarrolló un nuevo método filosófico que fuese universalmente aceptable. Desde un inicio buscó eliminar todo tipo de error mediante un enfoque novedoso al que denominó ‘duda metódica’. Este enfoque intenta suspender completamente la actividad sensorial para poder reflexionar con una conciencia interior libre de toda idea derivada del mundo externo.
Descartes puso en práctica la ‘duda metódica’ estableciendo una reflexión de la cual es imposible dudar: si pienso, existo.De esta manera, aisló la mente del mundo externo dando origen al dualismo cartesiano; el ser humano deja de ser una totalidad y se convierte en una mente alojada en el cuerpo, interpretación similar a la distinción entre alma y cuerpo planteada por Platón. La duda metódica de Descartes se apartó radicalmente de las posiciones realistas de Aristóteles y Santo Tomás y marcó el inicio de la filosofia moderna al introducir la pugna entre subjetividad y objetividad. Descartes especificó las diferencias entre las propiedades de las ideas mentales y los objetos del mundo externo. Las ideas son subjetivas; 1os objetos externos, objetivos. El dualismo mente-cuerpo es usado actualmente como argumento por quienes sostienen que los hombres que se sienten mujeres son mujeres y viceversa. La mente es un elemento independiente del cuerpo que la aloja
Neo entes: Tecnología y cambio antropológico en el siglo 21. Miklos Lukacs de Pereny
