Categoría: Amor

Evangelios



Aunque cada uno de ellos parece haber seguido su plan narrativo peculiar, no se ve, sin embargo, que hayan querido escribir como ignorando lo que el otro había ya dicho, o que hayan pasado por alto algo que ignoraban y después se haya descubierto que otro lo había escrito. Cada uno ha colaborado según la inspiración de Dios

San Agustín, de consensu Evangelistarum, 1,2

Santo Ángel de la guarda



la creencia en la compañía y protección del santo ángel de la guarda ha sido una enseñanza que ha estado profundamente arraigada en el pueblo cristiano como nos lo recuerda el entonces Cardenal Ratzinger: “junto a los ángeles misteriosamente “caídos”, que recibieron un misterioso papel de tentadores, resplandece la visión luminosa de un pueblo espiritual unido a los hombres por la caridad… en él arraiga la confianza en esa nueva prueba de solicitud de Dios por los hombres cual es “el ángel de la guarda”, que ha sido asignado a cada uno, y al que se dirige una de las oraciones más queridas y difundidas de toda la cristiandad. Se trata de una persona benéfica que la conciencia del pueblo de Dios ha acogido siempre como una muestra de la Providencia, del interés del Padre por sus hijos

La humilde vigilancia de la oración



Frente a las dificultades de la oración

La dificultad habitual de la oración es la distracción. En la oración vocal, la distracción puede referirse a las palabras y al sentido de estas. La distracción, de un modo más profundo, puede referirse a Aquél al que oramos, tanto en la oración vocal (litúrgica o personal), como en la meditación y en la oración contemplativa. Dedicarse a perseguir las distracciones es caer en sus redes; basta con volver a nuestro corazón: la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado. Esta humilde toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para ser purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir (cf Mt 6,21-24)

La concordancia de los evangelios



Bastaba que un solo Evangelista lo hubiera dicho todo. Sin embargo, hablando todos por una misma boca, aunque no en los mismos tiempos ni en los mismos lugares, y sin haberse antes puesto de acuerdo, su testimonio adquiere la fuerza máxima de la verdad. Aun aquello mismo en lo que parecen discrepar sobre puntos insustanciales es la mejor prueba de su veracidad, ya que si en todo estuviesen acordes, pensarían los adversarios que se habían entendido para escribir lo que escribieron, como obedeciendo a una consigna. En todo lo principal, esto es, en todo lo concerniente a la moral o a la fe, ni en lo más leve discrepan. Si sobre los milagros el uno ha mencionado éstos y el otro aquéllos, no hay razón para desconcertarse, pues si uno solo lo hubiera dicho todo ¿cual sería el objeto de la narración de los demás? Y si todos hubieran narrado hechos diversos, mal podría manifestarse su conformidad. En cuanto a las variantes del tiempo y del modo de realizarse los sucesos, no destruye esto la verdad de los mismos, como se demostrará más adelante

Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, 1,2

DE LAS MUERTES DE HOMBRES EN QUE NO HAY HOMICIDIO

A pesar de lo arriba dicho, el mismo legislador que así lo mandó expresamente señaló varias excepciones, como son, siempre que Dios expresamente mandase quitar la vida a un hombre, ya sea prescribiéndolo por medio de alguna ley o previniéndolo en términos claros, en cuyo caso no mata quien presta su ministerio obedeciendo al que manda, así como la espada es instrumento del que la usa; por consiguiente, no violan este precepto, «no matarás», los que por orden de Dios declararon guerras o representando la potestad pública y obrando según el imperio de la justicia castigaron a los facinerosos y perversos quitándoles la vida.

Por esta causa, Abraham, estando resuelto a sacrificar al hijo único que tenía, no solamente no fue notado de crueldad, sino que fue ensalzado y alabado por su piedad para con Dios, pues, aunque, cumpliendo el mandato divino, determinó quitar la vida a Isaac,no efectuó esta acción por ejecutar un hecho pecaminoso, sino por obedecer a los preceptos de Dios.

Este es el motivo porque se duda, con razón, si se debe tener por mandamiento expreso de Dios lo que ejecutó Jepté matando a su hija cuando salió al encuentro para darle el parabién de su victoria, en conformidad con el voto solemne que había hecho de sacrificar a Dios el primero que saliese a recibirle cuando volviese victorioso40. Y la muerte de Sansón no por otra causa se justifica cuando justamente con los enemigos quiso perecer bajo las ruinas del templo, sino porque secretamente se lo había inspirado el espíritu de Dios41, por cuyo medio hizo acciones milagrosas que causan admiración.

Exceptuados, pues, estos casos y personas a quienes el Omnipotente manda matar expresamente o la ley que justifica este hecho y presta su autoridad, cualquiera otro que quitase la vida a un hombre, ya sea a sí mismo, ya a otro, incurre en el crimen de homicidio.

De civitate Dei. Agustín de Hipona 412- 426 DC

Combate espíritual y la oración



en este combate hay que hacer frente a lo que es sentido como fracasos en la oración: desaliento ante la sequedad, tristeza de no entregarnos totalmente al Señor, porque tenemos “muchos bienes” (cf Mc 10, 22), decepción por no ser escuchados según nuestra propia voluntad; herida de nuestro orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores, difícil aceptación de la gratuidad de la oración, etc. La conclusión es siempre la misma: ¿Para qué orar? Es necesario luchar con humildad, confianza y perseverancia, si se quieren vencer estos obstáculos.

Evangelios



Y aunque son cuatro los Evangelistas, el Evangelio no es más que uno, porque los cuatro libros que dieron contienen la misma verdad. Pues así como dos versos sobre un mismo tema difieren sólo por la diversidad de metro y de palabras, mas no por el pensamiento, que es el mismo, así los libros de los Evangelistas, siendo cuatro, constituyen un solo Evangelio porque contienen una misma doctrina sobre la fe católica

Beda

Los ángeles



Hoy en día es muy común escuchar hablar de los ángeles, lo lamentable es que esto se haga de una manera incorrecta y que se les tribute un culto que se sale de la ortodoxia de la fe católica; y es que la Nueva Era se ha convertido en la mayor promotora de esta desviación hablando de “¿Cuál es el nombre de tu ángel?”, “acoge la visita de tu ángel; deja la puerta abierta…” y un sin número de prácticas raras que nada tienen que ver con las enseñanzas de nuestra fe.

La doctrina católica nos enseña, respecto de los ángeles, que:

Son de naturaleza espiritual: «En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad» (Catecismo, 330).

Son criaturas personales (cf. Pío XII, encíclica. Humani Generis: DS 3891).

Inmortales (cf. Lc 20, 36).

Superan en perfección a todas las criaturas visibles.

Son mensajeros y servidores de Dios: «Desde la creación (cf. Jb 38, 7, donde los ángeles son llamados “hijos de Dios”) y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal (cf. Gén 3, 24), protegen a Lot (cf. Gén 19), salvan a Agar y a su hijo (cf. Gén 21, 17), detienen la mano de Abraham (cf. Gén 22, 11), la ley es comunicada por su ministerio (cf. Hch 7,53), conducen el pueblo de Dios (cf. Ex 23, 20-23), anuncian nacimientos (cf. Jc 13) y vocaciones (cf. Jc 6, 11-24; Is 6, 6), asisten a los profetas (cf. 1 R 19, 5), por no citar más que algunos ejemplos» (Catecismo, 322).

Es importante aclarar que «La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición» (Catecismo, 328), es decir, su existencia no puede ser puesta en duda.

¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles, los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen la voz de su palabra! (Salmo 103,20).

Obstáculos para la oración



También tenemos que hacer frente a mentalidades de “este mundo” que nos invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo verdadero sería sólo aquello que se puede verificar por la razón y la ciencia (ahora bien, orar es un misterio que desborda nuestra conciencia y nuestro inconsciente); es valioso aquello que produce y da rendimiento (luego, la oración es inútil, pues es improductiva); el sensualismo y el confort adoptados como criterios de verdad, de bien y de belleza (y he aquí que la oración es “amor de la Belleza absoluta” [philocalía], y sólo se deja cautivar por la gloria del Dios vivo y verdadero); y por reacción contra el activismo, se da otra mentalidad según la cual la oración es vista como posibilidad de huir de este mundo (pero la oración cristiana no puede escaparse de la historia ni divorciarse de la vida)

Evangelios



Y son cuatro las partes del globo terráqueo por las que se halla extendida la Iglesia de Jesucristo. Pero uno es el orden en que conocieron y predicaron, y otro el orden en que escribieron. Porque en el conocimiento y la predicación estuvieron primero los que siguieron al Señor presente en la tierra, lo escucharon cuando enseñaba, lo vieron obrar sus milagros, y recibieron de su misma boca el mandato de predicar. Pero al poner por escrito el Evangelio, lo cual sabemos que hicieron por disposición divina, tuvieron el primer y último lugar respectivamente dos de los que el Señor eligió antes de su Pasión: el primero es San Mateo; y el último, San Juan. De este modo, los otros dos, que no eran de este primer grupo pero que habían seguido a Cristo que hablaba por boca de los otros dos, como hijos que debían abrazar, y por esto ubicados en el medio, serían defendidos por ambos lados

San Agustín, de consensu evangelistarum, 1,2