Jesucristo



Cuando un viento fuerte me golpea, recito la oración con mayor atención y bien pronto me siento caliente y reconfortado

Si el hambre se vuelve demasiado insistente, invoco más a menudo el nombre de Jesucristo y ya no recuerdo haber sentido hambre.

Si me siento mal y la espalda o las piernas me duelen, me concentro en la oración y ya no vuelvo a sentir punzada alguna

Cuando alguien me insulta, no pienso más que en la bienhechora oración a Jesús, e inmediatamente la cólera o la pena se desvanecen; me olvido de todo.

Nada me causa pesar, nada me preocupa; nada de lo que es exterior me entretiene o me retiene; quisiera estar siempre en la soledad. Me he acostumbrado a tener sólo una necesidad: recitar sin pausa la oración. Y cuando lo hago, me pongo alegre

RELATOS DE UN PEREGRINO RUSO. Anónimo

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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