Dios y el sufrimiento



Una solución teórica de la cuestión acerca de cómo es posible compatibilizar el sufrimiento del mundo con la bondad de Dios, nosotros la hemos excluido. Una visión de conjunto del Misterio, mientras aún estamos en medio de la lucha de la vida, nos es denegada. Solo nos es concedido mirar al que ha sido abandonado por Dios en la cruz, como si en su oscuridad interior estuviera la luz que todo lo ilumina. El apóstol Pablo no quiere <saber otra cosa más que Jesucristo, y este crucificado>, <No con palabras sabias, para no vaciar de contenido la cruz de Cristo> (1 Co 2,2; 1,17). La oscuridad está en el grito del Crucificado: < Por qué?> (Mc 15,34). Esta es una pregunta propia del sufrimiento extremo que no recibe ninguna respuesta Que no puede recibir ninguna, pues lo que aqui es cargado y encarnado es el pecado del mundo, lo sin sentido, a lo que no se puede dar ninguna respuesta. Pero el que grita la pregunta es, al mismo tiempo, el que pone su Espíritu en las manos del Padre (que ha desaparecido) (Lc 23,46), el Niño- Hijo que con su pregunta sigue confiando, a pesar de todo, en el Padre que le abandona, El silencio, callado y sin respuesta, no rompe la fe del Hijo en el Padre. Ahora bien, gracias a esto todo el problema insoluble entra finalmente en el interior de Dios. Porque la escena que se representa en la cruz es una escena entre el Padre divino y su Hijo encarnado. Y su Espíritu Santo común, que está ahí presente, que media entre el alejamiento silencioso y la entrega silenciosa de Padre e Hijo, muestra que ambas cosas suceden al unísono. Preguntemos más en profundidad. Ciertamente, el mundo creado que aquí sufre no es Dios. Pero, -dónde debería estar el mundo sino, también él, en Dios, ya que nada puede existir fuera del Dios omnipresente? El lugar del mundo está allí donde en Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una única vida eterna del amor, y esta solo puede ser vida del amor porque las personas en Dios se diferencian, no obstante su unidad esencial. Así el cristianismo sabe (la sola entre las religiones monoteístas) que la diferencia es algo bueno, y por eso también que la diferencia-que permanece- entre Dios y el mundo creado no pone en cuestión el hecho de que el mundo es y está en Dios. No existe otro lugar.

Y esto mismo también significa que el sufrimiento del mundo está muy cerca del corazón de Dios, ya sea el sufrimiento que existe en la naturaleza o el peor, el que surge de la libertad humana y que los hombres se infligen unos a otros, al que Dios no puede simplemente dejar pasar, sino que debe juzgar. Todo esto está en Dios. Es una ilusión óptica del hombre filosofante> pensar que el sufrimiento suceda aquí abajo> y que <allá arriba> un Dios beatamente desinteresado se quede simplemente mirando. Todos los puños erguidos contra el cielo del hombre rebelde apuntan a una dirección falsa. El que sufre, el que grita en agonía está en Dios. Lo está, porque el mundo entero, así como es, con toda su sangre y todas sus lágrimas, ha sido planeado y creado en Cristo, más concretamente: en el Cristo crucificado. El Padre nos ha elegido de antemano <para ser sus hijos adoptivos en Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad. En su Hijo amado tenemos, por medio de su sangre, la redención, el perdón de los pecados> (Ef 1,5.7). Nosotros somos <rescatados…por la sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, de Cristo, elegido de antemano [pre- destinado] antes de la creación del mundo> (1 P 1,18- 20). Esto nos dice que ya desde siempre el amor de Dios ha abrazado desde abajo y sostenido todo el sufrimiento del mundo. Un amor divino trinitario, naturalmente, cuyas dimensiones nadie podrá sondear ni en el tiempo ni en la eternidad. Un amor del que nosotros solo podemos decir que deja detrás de sí toda forma de sufrimiento sin respuesta, no excluyéndolo, sino incluyéndolo. Un amor que puede incluso osar el riesgo de todos los crímenes y locuras de la libertad humana: pero que de ningún modo los necesita para ser amor, a lo sumo, para mostrarle y demostrarle al mundo entero que el amor es más fuerte que la muerte y el infierno> (cf. Ct 8,6).

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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