Celibato sacerdotal
En nuestros días se afirma con demasiada facilidad que todo esto solo es consecuencia del desprecio de la corporeidad y la sexualidad. La crítica que ve en el fundamento del celibato sacerdotal una concepción maniquea del mundo ya fue formulada en el siglo IV. No obstante, los Padres de la Iglesia la rebatieron de inmediato y de modo rotundo, frenándola temporalmente Este criterio es erróneo. Para demostrarlo, basta recordar que la Iglesia siempre ha considerado el matrimonio un don concedido por Dios desde el paraiso terrenal. Y, dado que el estado conyugal concierne a la totalidad del hombre y el servicio al Señor exige también la entrega total del hombre, no parece posible simultanear ambas vocaciones. De ahí que la disposición a renunciar al matrimonio con el fin de estar plenamente disponible para el Señor se convierta en una exigencia del ministerio sacerdotal.
En cuanto a la forma concreta del celibato de la Iglesia primitiva, conviene también subrayar que los hombres solo podían recibir el sacramento del orden si se comprometían a respetar la abstinencia sexual y, por lo tanto, a vivir el matrimonio llamado <de san José>. Esta situación parece haber sido absolutamente normal en el transcurso de los primeros siglos. Existía un número suficiente de hombres y mujeres que consideraban razonable y posible vivir de este modo entregándose juntos al Señor.
Sobre la historia del celibato durante los primeros siglos se puede en- contrar una información exhaustiva en Stefan Heid, Zölibat in der frühen Kirche. Die Anfange einer Enthalstamkeitspflicht für Kleriker in Ost und West [El celibato en la Iglesia primitiva. Los inicios del deber de abstinencia de los miembros del clero en Oriente y Occidente>], Ferdinand Schöningh, 1997
