La primera aparición de Fátima



Estas visiones, que acabaron con la recepción del Santisimo Sacramento, se reanudaron casi ocho meses después, en la fiesta del Santísimo Sacramento [Corpus Christil], el 13 de mayo de 1917. En aquella mañana, los tres niños cruzaron la parroquia de Fátima y caminaron hacia el norte, en dirección a las laderas de Cova de Iria, para apacentar las ovejas mientras jugaban por el campo. Tomaron su almuerzo y decidieron rezar el rosario. Los tres niños habían adoptado una versión rápida del rosario, en la cual decían sólo las primeras palabras de cada oración. Tras acabar su rosario abreviado, vieron un relámpago y se dispusieron a volver casa. Mientras conducían a las ovejas a casa, vieron otro relámpago, fulgurante, y vieron, sobre una pequeña encina, a una mujer vestida de blanco, «que brillaba más fuerte que el sol, irradiando unos rayos de luz clara e intensa, como una copa de cristal llena de agua pura cuando el sol radiante pasa por ella. Nos detuvimos asombrados por la aparición. Estábamos tan cerca que quedamos en la luz que la rodeaba, o que ella irradiaba, casi a un metro y medio». La Señora llevaba un manto blanco hasta sus pies, con borde de oro. Las cuentas del rosario en sus manos brillaban como estrellas, con su crucifijo como la gema más radiante de todas.

La mujer se dirigió cariñosamente a los niños: «Por favor, no temáis, no os voy a hacer daño»
Lucía respondió: «<De dónde eres?»
«Vengo del cielo»,
«:Qué quieres de mí?»
La Señora explicó: «Quiero que regreses aquí los dias trece de cada mes durante los próximos seis meses a la misma hora. Luego te diré quién soy, y qué es lo que más deseo. Y volveré aquí una séptima vez».
«Y yo iré al cielo?».
«Sí, tú irás», respondió la Senora «
«Y Jacinta?»
«Ella también irá»
«Y Francisco?»
«Él también, amor mío, pero primero debe decir muchos rosarios»

Por un instante la Señora miró a Francisco con compasión. Se acordó entonces Lucía de algunas amigas que habían muerto:

«Y Maria Neves, ¿está en el cielo?»
«Sí, lo está»
«Y Amelia?» «Ella está en el purgatorio»
«(Os ofreceréis a Dios y tomaréis todos los sufrimientos que el os envie?
¿En reparación por todos los pecados que le ofenden?
¿Y por la conversión de todos los pecadores?».
«Oh, sí, lo haremos» «Entonces tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios estará con VOSO- tros y OS fortalecerá».
Lucía dijo que «mientras la Señora pronunciaba estas palabras, abría sus manos, y fuimos bañados por una luz celestial que parecía venir directamente de sus manos. La realidad de esta luz penetró nuestros corazones y nuestras almas, y sabíamos que de alguna forma esta luz era Dios, y podíamos vernos abrazados por ella. Por un impulso interior de gracia caímos de rodillas, repitiendo en nuestros corazones:

<Oh Santísima Trinidad, te adoramos. Mi Dios, mi Dios, te amo en el Santísimo Sacramento>»

Los niños permanecían de rodillas en el torrente de esta luz maravillosa, hasta que la Señora habló de nuevo, mencionando la guerra en Europa, por la que el papa había rezado ocho días antes, pero de la que sabían poco.

«Decid el Rosario todos los días para traer la paz al mundo y el final de la guerra».

Lucía, más tarde, recordaría: «Después de esto, ella se comenzó a elevar lentamente hacia el Este, hasta que desapareció en la inmensa distancia. La luz que la rodeaba parecía que se adentraba entre las estrellas, es por eso que a veces decíamos que vimos a los cielos abrirse» Lucía indicó a los otros dos niños que mantuviesen la visión en secreto. Sin embargo, Jacinta, de nueve años, poco después, le contaría todo a su madre, que la escuchó, aunque sin dar crédito. Sus hermanos y hermanas la molestaban con sus preguntas y sus bromas. Su padre fue el único que, con ternura, aceptaría la historia como verdadera. Se le recuerda como el primer creyente de Fátima, La madre de Lucía, por su parte, no la creía. Estaba preocupada porque su hija estuviese mintiendo y blasfemando. Exigió a Lucia que dejase de contar esas cosas y, cuando esta se negó, arrastró a Lucia ante el párroco, el padre Ferreira, Lucía permanecía firme en su creencia de que una Señora del cielo vestida de blanco la había visitado. Mientras, los niños se preparaban para su siguiente encuentro, el 13 de junio de 1917

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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