La Señora les había dicho que volviesen a la encina el día trece de cada mes a la misma hora. El trece de junio coincidía con la fiesta del santo más famoso de Portugal, san Antonio de Padua (que nació en Lisboa, Portugal, aunque murió en Padua, Italia). La madre de Lucia esperaba que las festividades parroquiales distrajesen a los tres niños de las sospechosas apariciones programadas para aquel día
Por la tarde, los niños se encaminaron hasta el lugar donde la Señora se había aparecido anteriormente. Allí se encontraron con una pequeña y curiosa multitud que les esperaba. Tras rezar el rosario con el resto de gente presente, los niños vieron de nuevo una luz que les envolvía y a la Señora sobre la encina, exactamente como el mes anterior.
«Por favor dígame, Señora, «qué es lo que quiere de mí?», preguntó Lucía
«Quiero que vengas aquí el dia trece del mes que viene. Quiero que continúes diciendo el Rosario todos los días. Después de cada misterio, hijos mios, quiero que recéis de esta manera:
«Oh mi buen Jesús, perdona nuestros pecados, libranos del fuego del infierno, Lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia».
Quiero que aprendáis a leer y escribir, y luego os diré qué más quiero de vosotros».
¿Nos llevarás al cielo?» «Si, me llevaré a Jacinta y a Francisco muy pronto, pero tú te quedarás un poco más, ya que Jesús desea que tú me des a conocer en la tierra. Él también desea que tú establezcas devoción en el mundo entero a mi Inmaculado Corazón».
«:Debo permanecer sola en el mundo?» «No sola, hija mía, y no debes estar triste. Yo estaré contigo siempre, y mi Inmaculado Corazón será tu consuelo y el camino que te llevará hacia Dios»
Lucía explica lo que sucedió a continuación:
«En el momento en el que ella dijo las últimas palabras abrió sus manos y nos transmitió, por segunda vez, el reflejo de esa luz intensa. En ella sentíamos que estábamos sumergidos en Dios. Jacinta y Francisco parecian estar en la parte de la luz que se elevaba hacia los Cielos, y yo en la parte que se derramaba sobre la tierra. En frente de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora había un corazón rodeado de espinas que parecían clavársele. Entendimos que era el Inmaculado Corazón de María ofrecido por los pecados de la humanidad, deseando ansiosamente reparación». Una vez más, la Señora se dirigió al Este y desapareció en el cielo. La gente no vio a la Señora, aunque algunos decían haber visto una luz o un resplandor.
TAYLOR R. MARSHALL. INFILTRACIÓN, EL COMPLOT PARA DESTRUIR LA IGLESIA DESDE DENTRO
