El que habla mucho, tendrá que oir mucho también

Siendo, pues, que somos una porción especial de un Dios santo, haga mos todas las cosas como corresponde a la santidad, abandonando las malas palabras, intereses impuros y abominables, borracheras y tumultos y concu- piscencias detestables, adulterio abominable, orgullo despreciable; porque Dios (dice la Escritura) resiste al orgulloso y da gracia al humilde (Pr. 3,Sigue leyendo «El que habla mucho, tendrá que oir mucho también»