en estas palabras se podría ver incluso la institución del sacerdocio. El Senor nos hace SUS amigos: nos en- comienda todo; nos encomienda a sí mismo, de forma que podamos hablar con su «yo», «in persona Christi capitis». ;Qué confianza! Verdaderamente se ha puesto en nuestras manos [… Ya no os llamo siervos, sino amigos. Este es el sig- nificado profundo del ser sacerdote: llegar a ser amigo de Jesucristo. Por esta amistad debemos comprometernos cada đía de nuevo. Amistad significa comu- nión de pensamiento y de voluntad. En esta comunión de pensamiento con Je- sús debemos ejercitarnos, como nos dice san Pablo en la Carta a los Filipenses (cfr. Flp 2, 2-5). Y esta comunión de pensamiento no es algo meramente intelec – tual, sino también una comunión de sentimientos y de voluntad, y por tanto también del obrar. Eso significa que debemos conocer a Jesús de un modo cada vez más personal, escuchándolo, viviendo con él, estando con él. Debemos escu- charlo en la lectio divina, es decir, leyendo la Sagrada Escritura de un modo no académico, sino espiritual. Así aprendemos a encontrarnos con el Jesús presente que nos habla. Debemos razonar y reflexionar, delante de él y con él, en sus palabras y en su manera de actuar. La lectura de la Sagrada Escritura es oración, debe ser oración, debe brotar de la oración y llevar a la oración. Los evangelistas nos dicen que el Señor en muchas ocasiones- durante noches enteras se reti- raba «al monte» para orar a solas. También nosotros necesitamos retirarnos a ese «monte», el monte interior que debemos escalar, el monte de la oración. Solo así se desarrolla la amistad. Solo así podemos desempeñar nuestro servicio sa- cerdotal; solo así podemos llevar a Cristo y su Evangelio a los hombres. El simple activismo puede ser incluso heroico. Pero la actividad exterior, en resumidas cuentas, queda sin fruto y pierde eficacia si no brota de una profunda e íntima comunión con Cristo. El tiempo que dedicamos a esto es realmente un tiempo de actividad pastoral, de actividad auténticamente pastoral.
Desde lo más hondo de nuestros corazones (Mundo y Cristianismo) Sarah, Cardenal Robert
