Queridos sacerdotes y seminaristas,

si ante la indiferencia religiosa generali- zaday la crisis de la doctrina queréis que vuestra fe siga siendo sólida y vigorosa hace falta alimentarla con una vida de oración asidua, humilde y confiada. Per- severad y seguid siendo modelos y maestros de oración: <Que vuestras jornadas estén marcadas por los tiempos de oración, durante losSigue leyendo «Queridos sacerdotes y seminaristas,»