Hoy más que nunca, el mundo necesita el celibato sacerdotal.



Lo necesitan los sacerdotes, pero también es indispensable desde el punto de vista pastoral. Posee una ardiente actualidad misionera, Para concluir, retomemos los fundamentos esenciales de lo que hemos dicho. Cristo Jesús es sacerdote. Todo su ser es sacerdotal, entregado y ofrecido Antes de Él los sacerdotes ofrecían a Dios animales en sacrificio. Jesús nos revela que el verdadero sacerdote se entrega é] mismo. A partir de ese momento, para ser sacerdotes hemos de formar parte de esa gran ofrenda de Cristo al Padre Hemos de hacer del sacrificio de la Cruz la forma de toda nuestra vida. Esa entrega adopta la forma del sacrificio del esposo por su esposa. Cristo es el verdadero Esposo de la Iglesia. El sacerdote, a su vez, se dona a toda la Iglesia.

El celibato manifiesta esa entrega: es su signo concreto y vital. El celibato es el sello de la Cruz sobre nuestra vida de sacerdotes.Es un grito del alma sacerdotal que proclama el amor al Padre y la entrega personal a la Iglesia. Mediante el celibato el sacerdote renuncia a desarrollar humanamente su capacidad de ser esposo y padre según la carne. Por amor elige despojarse de ella para vivir como esposo exclusivo de la Iglesia. El deseo de relativizar el celibato equivale a despreciar esa entrega radical que tantos sacerdotes fieles han vivido desde su ordenación. El celibato es signo e instrumento de nuestra entrada en el ser sacerdotal de Jesús. Reviste un valor que por analogía podríamos calificar de sacramental. Desde esta perspectiva, no entendemos cómo se podría alentar y proteger la identidad sacerdotal si se suprimiera en esta o en aquella región la exigencia del celibato tal y como lo ha querido Cristo y como la Iglesia latina lo ha conservado celosamente. Como recuerda el Concilio Vaticano II, el celibato del clero no es una mera norma de la ley eclesiástica, sino <un don precioso de Dios> Por eso el papa Francisco, haciendo suyas las firmes y valientes palabras de san Pablo VI, ha afirmado: <Prefiero dar mi vida antes que cambiar la ley del celibato. Perso- nalmente, pienso que el celibato es un don para la Iglesia. Yo no estoy de acuerdo en permitir el celibato opcional>.
Entre el sacerdocio y el celibato existe un vínculo ontológico-sacramental. Cualquier debilitamiento de ese vínculo significaría poner en tela de juicio el magisterio del concilioy de los papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Suplico humildemente al papa Francisco que nos proteja definitivamente de esta posibilidad vetando cualquier debilitamiento de la ley del celibato sacerdotal, ni siquiera restringiéndolo a una U otra región

JUAN PABLO II, Pastores dabo vobis, no 50

VATICANO II, Presbyterorum Ordinis, ne 16

PAPA FRANCISCO, Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Panamá, 2 7 de enero de 2019

Desde lo más hondo de nuestros corazones (Mundo y Cristianismo) Sarah, Cardenal Robert

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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