La esencia del catolicismo liberal
En los católicos liberales encontramos un profundo anhelo por un estado de cosas más igualitario y permisivista. Había muchas tendencias, unas más radicales otras menos. Todas, empero, animadas de un espíritu liberal contrario a la autoridad y, sobre todo, fundamentalmente optimista acerca de los tiempos nuevos inaugurados por la Revolución de 1789.
En oposición al doble principio de jerarquía y de autoridad, dos nociones concebidas como valores metafísicos expresan bien el espíritu liberal: igualdad absoluta y libertad completa. Una persona animada del espíritu liberal, sujeta a la autoridad de otra, odia en primer lugar el yugo que en concreto pesa sobre ella. En segundo lugar, odia genéricamente todas las autoridades y todos los rugos, y más aún el mismo principio de autoridad. Y porque odia toda autoridad, odia también toda superioridad, de cualquier orden que sea. El espíritu liberal puede de esta manera conducir al completo igualitarismo.
Los católicos liberales proponían la igualdad en la esfera política, con la supresión de las diferencias entre gobernantes y gobernados. El poder, decían, no viene de Dios mas del pueblo. Proscribían la monarquía como intrínsecamente maligna y aclamaban la democracia como la única forma legítima de gobierno.
Algunos buscaban también establecer la igualdad en la sociedad, atenuando las diferencias derivadas de la propiedad privada. De donde emergian algunas tendencias ya claramente colectivistas.
Los católicos liberales presentaban sus proposiciones no tanto como deducciones lógicas de ciertos postulados teóricos, sino más bien como una inconteniblo exigencia del espíritu del tiempo. A su parecer, no obstante algunos excesos, la Revolución de 1789 había tenido el innegable mérito de hacer desaparecer las estructuras opresivas propias del Ancien Régime, y de inaugurar por tanto la modernidad bajo la égida de la libertad. Tal curso de acontecimientos, sentenciaban ellos, era ya irreversible, y cuanto antes la Iglesia tomase nota de ello, adaptándose a los nuevos tiempos, menos traumática sería su transición hacia la modernidad.
El catolicismo liberal quería, pues, «bautizar» la Revolución de 1789, tal como- más adelante lo veremos – la Tdl buscará «bautizar» la de 191 7. «Nosotros aceptamos e invocamos los principios y las libertades proclamadas en 1789», se jactaba Charles de Montalembert, líder de la corriente católica liberal
Charles DE MONTALEMBERT, L’Église libre dans l’État libre, discurso del 20 agosto 1863, in Emmanuel BARBIER, Histoire, vol. I, pp. 33-34.
