La primera alarma que se dio en España vino de un jesuita: el padre Rábago, confesor de Femando VI, a quien venía aconsejando desde hacía tiempo, que prohibiera la secta en sus Estados. Expuso sus temores, además, en memorial dirigido al rey, que Menéndez Pelayo resumió en sus principales ideas:
<Este negocio de los francmasones – decia- no es cosa de burla o bagatela, sino de gravísima importancia [..] Casi todas las herejías han comenzado por juntas v conventículos secretos>.
Y aconsejaba al rey que publicase un edicto, vedando, so graves penas, tales reuniones, y destituyendo de su empleo a todo militar o marino que en ellas se hubiese alistado, y tratándolos como reos de fe, por via inquisitorial, <Lo bueno y honesto no se esconde entre sombras, y solo las malas obras huyen
de la luz [recogiendo la cita de Benedicto XIV en Próvidas]. Y terminaba diciendo que aunque no llegasen a cuatro millones los francmasones esparcidos por Europa, como la voz pública aseveraba, por lo menos serían medio millón, la mayor parte gente noble, muchos militares, <deistas casi todos, hombres sin más religión que su interés y libertinaje> por lo cual era de temer, en concepto del jesuita montañés, que aspirasen nada menos que a la conquista de Europa, acaudillados por el rey Federico de Prusia. <Debajo de esas apariencias ridículas se oculta tanto fuego, que puede, cuando reviente, abrasar a Europa y trastornar la religión y el Estado>.
Ni exageraba ni utilizaba otros argumentos que los del papa en su reciente condena, la segunda, contra la secta. Según Menéndez Pelayo, este memorial, basado en Próvidas, fue lo que decidió a Femando VI a firmar, en Araniuez, el 2 de julio de 1751, tres meses después de la publicación de la constitución pontificia, el decreto contra la Masonería, <encargando especial vigilancia a los capitanes
generales, gobernadores de plazas, jefes militares e intendentes del Ejército y de la Armada>.
Por entonces, sigue diciendo el historiador, el único español que parece haber tenido noticia de las tramas masónicas era el franciscano fray José Torrubia cronista general de su Orden, que suponía eran ciento veintinueve las logias <derramadas por Europa, pero de España dice expresamente que había pocas, y que el mayor peligro estaba en nuestras colonias [..]>;
<Comoquiera, el padre Torrubia juzgó conveniente difundir, a manera de antídoto, un libro rotulado Centinela contra francamasones. Discursos sobre su origen, instituto, secreto y juramento. Descúbrese la cifra con que se escriben y las acciones, señas y palabras con que se conocen. Para impugnarlos transcribe literalmente, traducida por él del italiano al castellano, una pastoral de monseñor Justiniani, obispo de Vintimilla>. Pero la Orden que figuraba en la vanguardia de la lucha antimasónica era la del confesor real
La historia de España (Ciudadela, 2007), selección de textos escogidos de la ingente producción de Marcelino Menéndez Pelayo, realizada en su día por Jorge Vigón y Suerodíaz (1893-1978).
Marcelino Menéndez Pelayo, La historia de España, pp. 201-202
