Entre octubre de 1990 A abri1 de 2003 se llevó a cabo el Proyecto del Genoma Humano, uno de más importantes de la historia, que culminó con la secuenciación completa de un genoma humano adulto representativo del 90% de la población. El proyecto fue liderado por el médico genetista católico Francis Collins quien, inspirado por la envergadura y complejidad de los resultados, escribió El lenguaje de Dios’ argumentando en favor de la armonía entre las ciencias naturales y su fe.
Para Collins (2007: p. 5) «no existe un conflicto entre ser un científico riguroso y una persona que cree en Dios, quien se interesa personalmente en cada uno de nosotros. El dominio de la ciencia es explorar la naturaleza. El dominio de Dios se encuentra en el mundo espiritual, un mundo que no puede ser explorado con las herramientas y lenguaje de la ciencia. Debe ser examinado con el corazón, la mente y el alma, y el alma debe encontrar un camino para abrazar ambos reinos.»‘
Más allá de nuestras creencias personales, la sentida reflexión de Collins devela la majestuosidad del mundo natural y sus misterios. Reducir esta complejidad a relaciones causa-efecto nos impide apreciar y valorar plenamente su belleza y magnitud. El genoma humano, el conjunto de información que posee nuestro organismo dentro del núcleo de cada célula, también exhibe métricas que trascienden lo cuantitativo. Por ejemplo, almacenar toda la información contenida en un genoma humano completo, compuesto por 3,000 millones de pares bases de Ácido Desoxirribonucleico (ADN), demandaría un disco duro de tres gigabytes. A partir de esta estructura se configuran aproximadamente 30,000 genes con todas las instrucciones que permiten a cada una de nuestras 100,000,000,000,000 de células sintetizar proteínas vitales para nuestro organismo. Más aún, si desenredáramos y atáramos todas nuestras hebras de ADN, estas podrían extenderse 600 veces, ida y vuelta, la distancia entre la tierra y el sol
NOVA – Genome facts, disponible en https://www.pbs.org/wgbh/nova/genome/facts.html
