¿Qué entendemos por «presente», «pasado» y «futuro»?



Desde que el ser humano comenzó a mirar el cielo y a notar el paso de los días y las estaciones, surgió una inquietud inevitable: ¿qué es el tiempo? Es algo real o solo una forma de ordenar los acontecimientos que vivimos? A lo largo de la historia, hemos intentado atraparlo con relojes, calendarios, cronómetros, incluso con celebraciones que buscan fijar momentos en la memoria. Sin embargo, cuanto más tratamos de entender el tiempo, más escurridizo parece.

Comencemos con lo más intuitivo: si alguien nos pregunta en qué momento estamos, respondemos con seguridad: «en el presente». Pero si nos detenemos a observar más de cerca, descubrimos algo inquietante: el presente no puede ser retenido. Lo que llamamos «ahora» se desliza entre los dedos como agua. En el mismo instante en que decimos «este momento», ya se ha convertido en pasado.
<Entonces, qué es el presente? ¿Un punto? ¿Un puente? ¿Una ilusión? Si el pasado es todo aquello que ya sucedió – y que no podemos modificar –, y el futuro es lo que aún no ha ocurrido -y que no tenemos garantía de alcanzar-, el presente debería ser nuestro único terreno firme. Pero cuanto más lo miramos, más se deshace. Como dijo San Agustín: «Tres tiempos hay: el presente de las cosas pasadas, el presente de las cosas presentes, y el presente de las cosas futuras. Y estos tres están en
el alma»

Podríamos imaginarlo así: el pasado es un archivo, el futuro una promesa, y el presente… un parpadeo. Pero vivimos en un parpadeo? Puede construirse una vida, una historia, una vocación en algo tan
efímero? El lenguaje humano ha intentado capturar esta experiencia. Decimos «vivir el presente», «aprovechar el momento», «estar aquíy ahora» sin embargo, cada una de esas expresiones implica un esfuerzo casi heroico por habitar un punto que nunca se deja poseer del todo. Algunos filósofos comparan el presente con una línea infinitamente delgada que divide dos océanos: el mar ya recorrido y el mar por descubrir. En la práctica, nuestra mente tampoco se queda quieta en el presente: recordamos, anticipamos, imaginamos, tememos… rara vez estamos por completo en el ahora. Y quizás sea porque el ser humano, en el fondo, no fue hecho para lo que pasa, sino para lo que permanece.

Así que, cuando preguntamos qué es el pasado, el presente y el futuro, no estamos haciendo una pregunta cualquiera. Estamos abriendo una de las puertas más profundas hacia el misterio de nuestra existencia. Porque comprender el tiempo no es solo cuestión de filosofía: es comprender dónde estamos parados, qué sentido tiene nuestra vida, y hacia dónde realmente vamos

San Agustín , Confesiones, Libro XI, capitulo 20.

Contra el Tiempo: La Batalla por la Eternidad. Toro, William

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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