Los exterminadores no hacían diferencia entre hombres y mujeres, niños y adultos. Las mujeres debían morir para no reproducir al pueblo vendeano, y los niños debían desaparecer para cortar de raíz toda posibilidad de resistencia futura. < Veo chicos de diez, cinco o dos años chicos menores masacrados o ahogados>, describía un testigo.
La orden de la Convención consistió en exterminar a todos los habitantes y reducir a cenizas toda la Vendée. Nada capaz de vivir debía volver a nacer sobre ese suelo durante mucho tiempo.
Todavía hoy se discute la cantidad de muertos en la Vendée. Las cifras que dan los historiadores oscilan habitualmente entre 200.000 y 600.000. El historiador vendeano Secher propone un número menor: 120.000 masacrados, de una población de 815.000 personas. Jean-Francois Revel tomó este número, el más bajo de todos, para mostrarnos su enormidad. Comparando el censo de 1793 con el de la Francia de nuestros días, llegó a la conclusión que el número de Secher hoy <equivaldría a siete millones y medio de víctimas.
El revolucionario Gracchus Babeuf, al que se le daban bien los neologismos, no tuvo más remedio que caracterizar lo que había ocurrido en la Vendée como un <genocidio>. Este concepto ve la luz por primera vez en este contexto. Babeuf tiene plena consciencia de ser espectador de algo totalmente novedoso en la historia de las matanzas colectivas, y por ello se halla en la necesidad de utilizar un
lenguaje totalmente nuevo: «Genocidio», «plebicidio», «populicidio», «nacionicidio»; el periodista revolucionario va tanteando, va jugando con el lenguaje, intercambiando estos neologismos con el propósito de expresar básicamente la misma realidad: el exterminio sistemático y generalizado de un pueblo.
«Es necesario masacrar a las mujeres para que no reproduzcan y a los niños porque serían los futuros rebeldes> (Orden firmada por el ministro de Guerra, Lázaro Carnot. p 214)
La Revolución Francesa. Cuarta parte: La epopeya de la Vendée, p. 236.
Reynald Secher, Le génocide franco-français: La Vendée-Vengé (París: Presses Universitaires de France, 1986).
Jean-François Revel, El conocimiento inútil (Madrid: Austral, 2006), p. 277
«¡Es preciso escribirlo!… , ¡¡esta vida atroz, devoradora, genocida, cuyo monstruoso héroe ha despertado sobre su cabeza las maldiciones, la condena de toda Francia!!!>» (Babeuf, El sistema de despoblación, p. 87). Así empieza su libro sobre la materia.
