El Concilio Vaticano I



El 29 de iunio de 1868. Pío IX convocó un Concilio ecuménico en el Vaticano. Los católicos liberales lo saludaron como una ocasión propicia para suscitar un debate al interior de la Iglesia, del cual podrían derivar reformas substanciales. Pío IX al contrario, hizo saber que deseaba un Concilio que se opusiese a los errores del tiempo. Leemos en la bula Aeterni Patris que el objetivo del Concilio era el de «poner remedio a los males del siglo presente en la Iglesia y en la sociedad». En particular, para golpear
a fondo el espíritu liberal, Pío IX propuso la definición del dogma de la infalibilidad papal.

Los católicos liberales se opusieron al dogma con vehemencia. La reacción fue particularmente fuerte en Alemnania, donde la corriente católica liberal, compuesta en su mayoría de decentes universitarios, estaba empapada del racionalismo teológico en boga en los ambientes protestantes. En Francia, la corriente contraria al dogma era conducida por Mons. Dupanloup, obispo de Orleans. En Inglaterra, la tarea de oponerse al dogma fue asumida por Lord John Acton, suscitando la oposición de muchos
prelados, y en particular de los cardinales Wisemann y Manning.

Finalmente, y a despecho de las maniobras de la minoría liberal, el Concilio Vaticano I se saldó con la victoria de la línea ultramontana. Contrariamente a cuanto se podría pensar, empero, la victoria ultramontana fue bastante ardua. La minoría liberal se mostró a todo momento compacta y aguerrida, doble gándose únicamente frente a la extrema firmeza de Pío IX. El proceso de infiltración de los errores revolucionarios ya estaba muy avanzado también en la jerarquía, como lo demuestran al
gunas intervenciones en el plenario del Concilio. Escribiendo al P. Josep Xifré, entonces Superior de la Congregación claretiana, san Antonio María Claret se lamentaba: «Estoy pronto para verter mi sangre, como he dicho en pleno Concilio. Al oir los errores y hasta las blasfemias y herejías que se habían dicho, fui tomnado por una indignaciớn y un santo celo tan grandes, que me subió la sangre en
la cabezay me produjo un disturbio cerebral»

JULIO LOREDO DE IZCUE. TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN, UN SALVAVIDAS DE PLOMO PARA LOS POBRES

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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