El Papa León XIII continuó el Magisterio antiliberal de predecesor. En la encíclica Libertas, por ejemplo, condenó el liberalismo no solo en sus versiones radicales, sino también en aquéllas moderadas. En algunos aspectos, sin embargo, la línea pastoral de León XIII difirió de la de Pío IX. Mientras éste último había favorecido constantemente toda forma de oposición al espíritu revolucionario, su sucesor quiso atenuar las manifestaciones de antagonismo, en la esperanza de que, viendo la mano extendida de la Iglesia, sus enemigos a su vez se amansarían y suspenderían toda manifestación de anticatolicismo. «León XIII tenia la reputación de ser un Papa liberal – escribe Alec Vidler – esto se debia principalmente a la diferencia entre su política y la de su predecesor»
La nueva línea pastoral, no más intransigente sino dialogante, correspondía al moderno espiritu del tiempo que iba perfilándose en el mundo. Habiendo dejado atrás los horrores de la guerra de 1870, Europa había entrado en un período de gran apogeo militar, cultural, industrial y tecnológico, que culminaría en la Belle Epoque. Entre bailes fastuosos y ceremonias espléndidas, se difundía un espíritu ligero, optimista, confiado en la ciencia y en la tecnología. Algunos filones de este espíritu terminaron por penetrar también en la Iglesia. Al punto de que el teólogo francés E. Rivière pudo hablar del «optimismo que caracterizaba el pontificado de León XIII», En síntesis, si bien en el Magisterio nada había cambiado, en muchos ambientes de la Iglesia se respiraba un aire muy diverso, más relajado y distendido que, siempre al decir de Rivière, corria el riesgo de estimular iniciativas imprudentes».
Una de estas «iniciativas imprudentes» fue el Modernismo, padre de todas las herejías en el siglo XX.
Alec R. VIDLER, The Modernist Movement in the Roman Church. Its Origins and Outcome, Gordon Press, New York 1976, p. 60.
E. RIVIERE. DTC. col. 2016. s.v. «Modernisme»
