El historiador Flavio Josefo refiere que en el templo de Salomón, setecientos sacerdotes y levitas estaban empleados diariamente en inmolar las víctimas, purificar las y quemarlas sobre el altar y que esto se hacía en medio de un profundo silencio respeto. Sin embargo, estos sacrificios no eran más que una figura. ¡Con cuánto más fervor, silencio y atención debemos asistir al verdadero Sacrificio! Los primeros cristianos nos han dado admirables ejemplos a este respecto. Según el testimonio de San Juan Crisóstomo, al entrar en la iglesia besaban humildemente el umbral y durante la Misa estaban con al recogimiento que se hubiera creído estar en un desierto. Observaban exactamente el precepto y acotado de Santiago: «Cuando el Rey de los reyes, Nuestro Señor Jesucristo, viene a inmolarse y a darse en alimento a los fieles, todos saben permanecer en silencio, temor, recogimiento y en olvido completo de las cosas terrestres»
Explicación de la Santa Misa. R Padre Martín de Cochem O.F.M. Cap (Año 1712)
