que ha irrumpido en el mundo moderno. La mentalidad del ingeniero social supone un modelo de ciencia política que se basa en la negación radical de los fundamentos de la sociedad; es decir, en la negación de lo que la experiencia histórica ha acumulado. El <arte político> de Sievès es la consumación del nuevo paradigma; es el principio mismo de la ingeniería social. La revolución es, ante todo, el trastocamiento radical de la mentalidad política. La política debe despreciar los hechos, renegar de la historia, deshacerse de las costumbres y las tradiciones que el tiempo ha acumulado como razón práctica nacional. Los nuevos fundamentos no están en la realidad dada, sino en la mente de los que teorizan sobre la política. Esta se convierte, así, en ideología. Existe como idea que reclama las cuotas de poder que sean necesarias para hacerse realidad. Burke arremete contra los ideólogos:
Poseídos, como están, de estas nociones, es inútil hablarles del sistema de sus antepasados, de las leyes fundamentales de su país, de una forma estable de Constitución, cuyos méritos se basan en la sólida prueba de la larga experiencia y en el incremento del poder público y la prosperidad nacional. Desprecian la experiencia como si fuera la sabiduría de los ignorantes; y, en cuanto a lo demás, han puesto bajo el suelo una mina que volará con una tremenda explosión todos los ejemplos de la antigüedad, todos los precedentes, todas las cartas y las actas del Parlamento
Burke, Reflexiones sobre la Revolución Francesa, p. 120.
