También la igualdad de los revolucionarios resulta ser una quimera. Los ideólogos inventaron un «estado de naturaleza» en el que todos los hombres son iguales. La sociedad y el sistema político introducen la desigualdad y provocan la injusticia: Rousseau abusó de este esquema. La política revolucionaria se basa en devolver la igualdad natural a los hombres pormedio del poder. Los pensadores antirrevolucionarios se mofan de estas teorías. La verdad es justo lo contrario: la desigualdad es natural, y la política introduce la igualdad dentro de límites factibles. Las leyes pueden tratar igualmente a los hombres, pero no pueden hacer a los hombres iguales, Rivarol arremete contra los ideólogos de la igualdad:
En lugar de establecer que la ley sería igual para todos los hombres, decretaron ellos que los hombres eran naturalmente iguales sin restricción. Pero hay algo cuya igualdad no se podrá decretar jamás; son las condiciones sociales, los talentos, los rasgos y las fortunas..
El igualitarismo es, de este modo, una ideología que exacerba la lógica del poder. En primer lugar, porque supone, implícita mente, la presencia de igualadores. Estos necesitan el poder para igualar a quienes se encuentran bajo su dominio. Así, el igualitarismo ni siquiera es consecuente consigo mismo, ya que es inconcebible sin el concurso de desigualdades políticas cada vez más pronunciadas. En segundo lugar, porque siempre podrán encontrarse nuevos ámbitos que «reclamen» igualar, sin que por ello exista en ellos alguna forma de explotación. La desigualdad se manifiesta en torno a todos los atributos de los hombres, y no deja nada fuera. La lucha contra la desigualdad es, tomada como principio rector, una lucha sin final posible, porque la igualdad absoluta es un imposible. Rivarol anticipa lúcidamente el despertar de la lucha de clases, que se volverá contra el igualitarismo de la filosofia burguesa. ¿Por qué el pueblo debería contentarse con la igualdad formal, cuando podría, según los propios principios en boga, reclamar la igualdad material? Y esto es precisamente lo que Babeuf descubrió. Rivarol pronostica:
Dos causas, hasta ahora de acuerdo, han producido vuestros triunfos; la envidia de unos y la miseria de otros; porque esta es la revolución de los pobres y de los envidiosos: los pobres, irritados contra los ricos, y los burgueses contra los nobles, aliaron sus furias; pero el momento del divorcio se acerca; el día de los grandes sacrificios no está lejos.
Rivarol, Escritos políticos (1789-1800), p. 96
«La igualdad absoluta entre los hombres es el misterio de los filósofos. La Iglesia al menos edificaba sin descanso; pero las máximas actuales no tienden más que a destruir. Han arruinado ya a los ricos sin enriquecer a los pobres; y en lugar de la igualdad de bienes, no tenemos hasta ahora más que la igualdad de miserias y de males» (Rivarol, Escritos politicos [1789-1800], p. 114)
