Burke, por su parte, se anticipa al Terror. Demuestra que este modelo de ciencia política necesariamente debe desplegar toda la brutalidad de la fuerza sobre los hombres para rehacer el
mundo a imagen y semejanza del contenido mental de los ideólogos. El fanatismo por las abstracciones torna abstractos los costos humanos; nada resulta costoso, pues, cuando se está llamado a hacer la historia y redimir al mundo mismo.
Conspiraciones, matanzas, asesinatos parecen cosas triviales a ciertas gentes con tal de llevar a cabo una revolución. Una reforma poco costosa, sin sangre, y una libertad sin culpa parecen cosas monótonas e insípidas para su gusto. Tiene que haber grandes cambios de escena, magníficos efectos dramáticos y grandes espectáculos que aviven la imaginación, adormecida con el complaciente disfrute de sesenta años de seguridad y la siempre apagada tranquilidad de una prosperidad pública
Burke, Reflexiones sobre la Revolución Francesa, p. 129.
