Finalmente, tarde o temprano el pueblo querrá lo que los ideólogos quieren para él. Por esto, también estos se creen legitimados para hablar en nombre de aquel. Las leyes del progreso histórico así lo han predeterminado, y el ingeniero social simplemente acelera el despliegue de la razón llevando a la práctica los dictados de la suya, postulada como modelo de una presunta razón universal.
Nada más contrario, empero, a la filosofia de la historia de los pensadores antirrevolucionarios. Todo lo expuesto no es más que una engañifa diseňada para legitimar cual quier paso que se produzca en la dirección que sea. Si la historia avanza indefectiblemente al ritmo del progreso, entonces cada acontecimiento será un avance histórico en el camino que lleva a él. Pero en realidad la historia
está movida por fuerzas inescrutables, y su desarrollo está más allá de las posibilidades de los hombres. «Todos los hombres que han escrito o meditado la historia han admirado esa fuerza secreta que se burla de las resoluciones humanas» reflexiona De Maistre. La historia, a despecho de lo que quería el pobre de Condorcet, que terminó muriendo en manos del <progreso», se encuentra más allá del cálculo humano
De Maistre, Consideraciones sobre Francia, p. 113.
