Lo segundo, hallar oro



Evangelio y oro no son en el XVI cosas contrapuestas, o al menos pueden no serlo. Cuando en 1511 el milanés Pedro Martir de Anglería describe cómo Colón persuadió a los Reyes Catolicos para que apoyaran su empresa, dice que les convenció de que gracias a ésta <podría con facilidad acrecentarse la religión cristiana y conseguirse una cantidad inaudita de perlas, especias y oro> (Décadas I,1,2).

Evangelio y oro. Las dos cosas juntas. Esto nosotros no acabamos de entenderlo. Pero es que los hombres del XVI hispano eran tan distintos de nosotros que fácilmente interpretamos mal sus acciones e intenciones. Así por ejemplo, les asignamos una avidez por las riquezas del mismo género que la avidez actual. Y es un error. Sin duda el amor al dinero tenía en el XVI aspectos tan sórdidos y crueles como los tiene hoy entre nosotros, pero un conocimiento suficiente de los documentos de aquella época nos permite captar diferencias muy considerables en la modalidad de esta pasión humana permanente.

El caso personal de Colón puede darnos luz en este punto. Difundir la fe cristiana y encontrar oro son en el Almirante dos apasionadas obsesiones, igualmente sinceras una y otra, y falseariamos SU
figura personal si no afirmáramos en él las dos al mismo tiempo. El confiesa de todo corazón:

<EI oro es excelentísimo; del oro se hace tesoro, y con él, quien lo tiene, hace cuanto quiere en el mundo, y Ilega a que echa las ánimas al Paraiso> (IV Vj.).

En esa declaración, muy enraizada en el siglo XVI hispano, la pasión por el oro no se orienta ante todo, como hoy suele ser más frecuente a la vanidad y la seguridad, o al placer y la buena vida, sino que pretende, más que todo eso, la acción fuerte en el mundo y la finalidad religiosa. Como dice el profesor Elliot, en el XVI español <el oro significaba poder. Esta había sido siempre la actitud de los castellanos con respecto a la riqueza> (El viejo mundo 78).

El oro significaba poder, y el poder era para la acción. Descubridores y conquistadores, según se ve en las crónicas, son ante todo hombres de acción y de aventura, en busca de honores propios y de gloria de Dios, de manera que por consequir éstos valores muchas veces arriesgan y también pierden sus riquezas y aún sus vidas. Y si consiguen la riqueza, rara vez les vemos asentarse para disfrutarla y acrecentarla tranquilamente. Ellos no fueron primariamente hombres de negocios, y pocos de ellos lograron una prosperidad burguesa.

En Colón, concretamente, la fe y el oro no se contradicen demasiado, si tenemos en cuenta que, como él dice, «así protesté a Vuestras Altezas que toda la ganancia de esta mi empresa se gastase en la conquista de Jerusalén, y Vuestras Altezas se rieron y dijeron que les placía, y que sin esto tenían aquella gana» (I Vj. 26 dic).

Plantar la Cruz <En todas las partes, islas y tierras donde entraba dejaba siempre puesta una cruz», y Cuando era posible, «una muy grande y alta cruz» (I Vj. 16 nov). Procuraban ponerlas en lugares bien destacados, para que se vieran desde muy lejos. De este modo, a medida que los españoles, Conducidos por Colón, tocan las islas o la tierra firme, van alzándose cruces por todas partes, cobrando así América una nueva fisonomía decisiva. Las colocan con toda conciencia, «en señal que Vuestras Altezas tienen la tierra por suya, y principalmente por señal de Jesucristo Nuestro Señor y honra de la Cristiandad» (12 dic). Y así «en todas las tierras adonde los navíos de Vuestras Altezas van y en todo cabo, mando plantar una alta cruz, y a toda la gente que hallo notifico el estado de Vuestras Altezas y cómo tenéis asiento en España, y les digo de nuestra santa fe todo lo que yo puedo, y de la creencia de la santa madre Iglesia, la cual tiene sus miembros en todo el mundo, y les digo la policía y nobleza de todos los cristianos,y la fe que en la santa Trinidad tienen» (III Vj.)

Hechos de los Apóstoles en América,  José María Iraburu

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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