El «problema teológico» fue la primera jugada de un partido que estaba apenas comenzando. En el panorama había un nuevo factor que cambiaría sustancialmente las reglas del juego: la Acción Católica, o mejor algunos de Sus sectores. Más que la locuacidad, lo que selló la ruina de la camarilla modernista fue su escaso peso sobre el gran público. Por importante que fuese a nivel teológico, el
Modernismo fue siempre un fenómeno de élites intelectuales. Comenta Ernesto Buonaiuti: «Quedo muchas veces sorprendido por la distonia entre los fines del movimiento modernistico, tan radicalmente renovadores, y la naturaleza de su propaganda, tan aristocráticamente intelectualista. (…) Ese amplio consenso popular hasta hoy constante mente ha faltado», Al comienzo también los nuevos teólogos sintieron esta falta. Pero la situación cambiará sustancialmente desde los años 1930. Como hemos señalado en el capítulo anterior, casi desde el comienzo muchos sectores de Acción Católica se mostraron receptivos a las nuevas tendencias. Tal receptividad provenía de un profundo cambio de mentalidad, fruto de la infiltración en ambientes católicos de las tendencias revolucionarias dominantes en la sociedad. En tales sectores de Acción Católica las novedades se difundían de modo capilar, contaminando amplios sectores del laicato. Muchos nuevos teólogos eran asistentes eclesiásticos de Acción Católica. Ellos podían contar así con algo que faltó a sus antecesores modernistas: un movimiento de masas que permitiese la aplicación concreta de sus doctrinas, produciendo una onda de choque al interior de la Iglesia que detonará en los años 1960.
«Los años 1944-1946 fueron un período de fermentación intensa» recuerda el P. Yves Congar, protagonista de tal «fermentación», Las ideas progresistas se difundieron ampliamente sobre todo a través de tres colecciones publicadas a cargo de la facultad jesuita de Lyon-Forvière, que detonaron la polémica sobre la Nouvelle Théologie. Firmaban estas colecciones nombres que dominarán el panorama teológico del siglo XX: Henri de Lubac, Jean Daniélou, Marie-Dominique Chenu, Yves Congar, Hans Urs von Balthasar, Karl Rahner, Henri Bouillard, Theodore Camelot y otros. A los nuevos teólogos se opuso con fuerza un grupo de teólogos de gran autoridad. En Espaňa se destacan los jesuitas Joaquín Salaverri, Miguel Nicolás, Timoteo Zepelena, E. Sauras, Jesús Iturrioz y otros. En Francia, los dominicos Michel Labourdette e Réginald Garrigou-La grange. A ellos se suman los dominicos de la provincia de Toulouse. En Italia, imposible no recordar la obra del P. Mariano Felice Cordovani, docente de Teología en la Universidad Católica de Milán, después rector del Angelicum de Roma. Más reciente y no menos importante, la obra del P. Cornelio Fabro, otro crítico de la Nouvelle Théologie, sobre todo en el campo filosófico. Con su habitual agudeza, el P. Garrigou-Lagrange así resumía las aprensiones acerca de la nueva teología: Dónde irá a parar esta nueva teologia con sus nuevos maestros en los que se inspira? ¿Dónde va, si no hacia el escepticismo, la fantasia y la herejía? (…) ¿Dónde va la nueva teologia? Retorna al modernismo». El eminente teólogo advierte por tanto a sus colegas: «Es un preciso deber de conciencia para los teólogos tradicionales responder [a este desafio]. De otro modo faltarán gravemente a sus deberes y de ello deberán dar cuenta a Dios»
Ernesto BUONAIUTI, Lettere di un prete modernista, cit. in Gabriele DI ROSA, Storia del movimento cattolico in Italia, p. 306
Yves CONGAR, Situation et taches présentes de la théologie, p. 12
Réginald GARRIGOU-LAGRANGE, la nouvelle théologie ou va-t-elle?, pp. 134-135, 143
