En rigor, los líderes totalitarios utilizan todo el poder del que disponen para torcer la realidad en su favor: reescriben los hechos, hacen desaparecer las evidencias, alteran el pasado, redefinen y reinterpretan sus propias expresiones, Y diseňan simulacros para el consumo de los extranjeros, proclaman profecías que ellos mismos se dedican a cumplir con arreglo al poder total. Los servicios secretos disponen incluso de «de partamentos de desinformación», Asimismo, condenados como estamos a dar cuenta de las cosas a través de las palabras, el totalitarismo se aprovecha de ellas
para invertir los significados: llama «emancipación» a la sujeción absoluta a la autoridad estatal; califica de «democrática» a una élite enquistada en el poder; dice que «pacifica» allí donde arrasa a comunidades enteras; caracteriza como «ciencia» su ideología; denomina «vanguardia» a prestidigitadores y profesionales de la manipulación; perpetra sus masacres y genocidios en nombre del «progreso» y la «Humanidad», Así pues, a diferencia del mero autoritarismo, que se limita a prohibir y censurar, el totalitarismo quiere convertirse en la referencia misma de lo real; su objeto de dominio es tan amplio que quiere incluir la realidad como tal bajo su poder. Hannah Arendt prestó especial atención a esta característica del totalitarismo, y propuso un ejemplo ilustrativo: «La afirmación [de Stalin] de que el Metro de Moscú es el único en el mundo es una mentira sólo mientras los bolcheviques no tengan el poder para destruir a todos los demás»
Edgar Morin daba cuenta del punto: «Nunca ha ha bido oficialmente un motín o una huelga en la URSS; los accidentes de ferrocarril o de aviación son proscritos de la realidad soviética; por contra, la alegría, el entusiasmo nos hablan del progreso incesante y de la expansión del comunismo» (Qué es el totalitarismo (Madrid: Anthropos, 1995], p. 63)
Durante la época de Stalin, por ejemplo, se reescribió la historia de la Revolución rusa con el objeto de borrar de ella el protagonismo de Trotski, Bujarin, Zinóviev, Kámenev y otros más que cayeron en desgracia política y fueron perseguidos y purgados por el régimen
Por ejemplo, después del pacto entre Hitler y Stalin de 1939, tanto el aparato de propaganda nacionalsocialista como el comunista se dedicaron a reinterpretar la esencia de ambos regímenes, destacando los puntos de contacto en contraste con las <plutodemocracias> de Occidente. Véase Friedrich y Brzezinski, Dictadura totalitaria y autocracia, pp. 181-182. Por su parte, los cines y teatros de Moscú retiraron películas y obras antialemanas y antifascistas. El mismo término <fascismop desapareció de la prensa y de la radio soviéticas. Véase Guy Durandin, La información, la desinformación y la realidad Barcelona: Paidós, 1995), p. 47
La URSS invitaba a extranjeros ilustres para sedu cirlos con escenarios diseñados especialmente para venderles una realidad inexistente. Se les presentaba un paraíso socialista que funcionaba comno propaganda hacia el exterior. A Jerzy Gliksman, por ejemplo, un abogado polaco, se lo invitó a un tour en una cárcel soviética, cuyas cómodas instalaciones y la humanidad con la que se trataba a los reclusos lo llevaron a escribir un libro apologético titulado Tell the West («Díselo a Occidente»). No sabía por entonces que solo cinco años más tarde él mismo terminaría preso en un campo de trabajo forzado que nada tenía que ver con aquella realidad de la que tan bien había hablado en su libro.
La KGB, por ejemplo, contó con su departamento de desinformación, denominado «departamento D». Véase Durandin, La información, la desinformación y la realidad, p. 45.
A principios de la década de 1920, los bolcheviques llamaban <pacificación» a las políticas de exterminio de regiones completas. Por ejemplo, la provincia de Tambov. La orden del día número 171, con fecha del 11 de junio de 1921, establece los métodos de la mentada <pacificación», Entre otros, se dispone a fusilar sin ningún tipo de juicio previo, ejecutar al primogénito de toda casa en la que se halle algún arma, enviar familias enteras a campos de concentración, tomar «rehenes», etcétera. Véase Courtois et al., El libro negro del comunismo, pp. 159-160. Este tipo de «pacificaciones» se llevaron adelante en muchas otras regiones: Ucrania, Siberia occidental, Cáucaso, provincias del Volga
Arendt, Los orígenes del totalitarismo, p. 485.
