La Iglesia debe ser católica, es decir, universal, y debe serlo en tres sentidos: de tiempo o duración, «Siempre, hasta el fin del mundo» «hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento
pleno del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo» ; de lugar o extensión, ya que está abierta a «todas las naciones» y «a toda criatura»; de fe o doctrina, para enseñar «todas las cosas que» su Señor les había «mandado», toda la verdad»
Mateo 28,20
Efesios 4,13
Génesis 22,18; Mateo 24,14; Lucas 24,47; Hechos 1 5,17; Gálatas 3,8
