La introducción de la mundanidad y la historicidad como categorías privilegiadas del pensamiento teológico es el leit motiv de la Nouvelle Théologie. Los nuevos teólogos ponían el acento en la historicidad del hombre, del dogma, de la religión, de la gracia y de la Iglesia. A primera vista, muchas de sus afirmaciones tienen el sabor de lo obvio, como cuando el P. Chenu nos recuerda que «el hombre es un ser- en- el- mundo». Sin embargo, raspando la superficie se comienza a notar la influencia malsana del pensamiento existencialista, según el cual el análisis de las circunstancias históricas no es sólo importante o necesario, sino decisivo. Afirma Chenu: “El hombre es una realidad histórica, Su naturaleza comprende, como característica esencial, una referencia al tiempo. Él está en el tiempo. La historicidad del hombre no es sólo un fenómeno psicológico, es ontológico». Si la historicidad del hormbre es ontológica, o sea parte de su esencia, la naturaleza humana estaría en continua mutación, debido a su dependencia de las circunstancias históricas en evolución. Y también las concepciones sociales, filosóficas, morales y teológicas estarían sujetas a la misma evolución. En sus formulaciones extremas, el historicismo afirma que las ideas morales y religiosas son emanaciones de la Historia,
expresiones pasajeras de una determinada realidad histórica y no realidades trascendentales. La Nouvelle Théologie tendía por tanto a invertir el método de la pesquisa teológica, no partiendo de la Revelación para deducir una teología que hiciera luz sobre la realidad, sino estudiando las realidades sociales, políticas, económicas y culturales, y pretendiendo después desarrollar de ellas una “teología». Esta inversión del método teológico, y la introducción de la historia como fuente privilegiada de reflexión teológica, ha sido la gran conquista doctrinal que permitió el desarrollo de la teología de la liberación algunos años después.
Marie-Dominique CHENU, Les signes des temps, in «Nouvelle Revue Théologique», n. 1, gennaio 1965, vol. 87, p. 30.
Cit. in DC, 997, 17 agosto 1947, coll. 1O60-1 061.
