La introducción de la historia como lugar privilegiado de la investigación teológica causó un cambio en el modo de considerar la fuente de la Revelación pública. A espera de tratar el tema de modo más profundizado en el siguiente capítulo, digamos que la Revelación pública se ha cerrado con la muerte del útimo Apóstol, y está totalmente con tenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición. Las circunstancias históricas en las que se desarrolla el análisis teológico pueden añadir matices accidentales al modo de considerar el depositum fidei. Nunca, sin embargo, podrán tocar su contenido, hecho de verdades inmutables. Cualquier desvío en este campo tan delicado puede fácilmente destruir la propia idea de un depositum fidei. Algunas versiones de la Nouvelle Théologie querían simplemente desarrollar una teología más congruente con la vida concreta del hombre del siglo XX. Otras versiones, empero, sostenían que las circunstancias históricas condicionan de tal modo nuestra inteligencia de la Revelación, que no podemos nunca terner una intelección definitiva, sino sólo aproximaciones que varían a lo largo de la historia. A esta luz, los dogmas no serían
fórmulas inmutables sino sólo provisorias, válidas hasta tanto persistan las circunstancias históricas de las cuales surgieron.
De este modo la historia se convertía en el principio hermenéutico de la Revelación, y no viceversa como siempre se consideró. La Nouvelle Théologie, según Germano Pattaro, «pone en evidencia el hecho de la «historicidad» de la revelación. Ciertamente en el sentido de que ella ocurre en el tiempo, pero más y radicalmente en el sentido de que la historicidad es su propio principio hermenéutico»,
Algunos nuevos teólogos terminaron afirmando que las circunstancias históricas dan no sólo nuevos criterios para interpretar la Revelación, sino toda una nueva inteligencia de ella. Esta iría más allá de los aspectos accidentales, modificando la inteligencia precedente de modo tal que constituya, en realidad, una nueva Revelación. La historia no sería apenas el principio hermenéutico de la Revelación, sino su vehículo. En otras palabras, la Revelación no sólo ocurriría en la historia, mas a través de la
historia.
La Nouvelle Théologie rechazaba pues la idea de una Revelación pública cerrada y la consideraba, en cambio, como un proceso siempre en acto. Mientras los modernistas escrutaban el alma humana en busca de una revelación inmanente y continua, los nuevos teólogos escrutaban los eventos históricos, en particular los procesos de transformación en el campo temporal. «Dios habla por hechos -insistía Chenu– la economía de la revelación no es una historia en la que sucede una revelación, sino una
historia ella misma reveladora»
Inspirada en tales ideas, la Nouvelle Théologie concebía la acción de Dios como inmanente en los eventos históricos. Esto llevó a una suerte de «divinización» de la historia, a considerar a Dios, no como un Ser personal y trascendente, mas como una fuerza que actủa en los procesos histórico. Esta es la esencia del inmanentismo historicista, un eje de la Teologia de la liberacion.
Germano patarro. Corso di teologia dell’ecumenismo, p. 346.
Marie-Dominique CHENU, The History of Salvation and the Historicity of Man, pp. 158-159.
