Evangelio

San Mateo 15:21-28Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.» Pero él no le respondió palabra.Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Despídela, que vieneSigue leyendo «Evangelio»

Historia de los marranos

[Los conversos] formaban en el organismo de la nación un extenso cuerpo extraño, imposible de asimilar y muy dificil de abandonar (…). Fue, sin embargo, notorio que [los conversos] eran cristianos sólo de nombre, observando en público un mínimo de la nueva fe y en privado un máximo de la antigua (.). De la mismaSigue leyendo «Historia de los marranos»

Llegará la hora en que ya no OS hablaré más en enigmas, antes claramente OS hablaré del Padre

Cuando Cristo haya consignado el reino al Padre, es decir, cuando haya conducido a los creyentes, que viven ahora de fe, por los cuales intercede como mediador, a la contemplación, por la cual gemimos y suspiramos; pues pasado el trabajo y terminada la fatiga, ya no intercederá por nosotros. Tal es el sentido de lasSigue leyendo «Llegará la hora en que ya no OS hablaré más en enigmas, antes claramente OS hablaré del Padre»

Mateo 5, 48: «Sed perfectos como vuestro Padre celestiales perfecto»

Así es que cuando decimos «Hágase tu voluntad», oramos Por nuestro cumplimiento de los mandatos de Dios. Ahora bien, esta voluntad de Dios se cumple en los justos, pero aún no en los pecadores. A los justos se les designa por el cielo; a los pecadores, por la tierra. Así es que pedimos que seSigue leyendo «Mateo 5, 48: «Sed perfectos como vuestro Padre celestiales perfecto»»

¡Qué benditos y maravillosos son los dones de Dios, amados! ¡Vida en inmortalidad, esplendor en justicia, verdad en osadía, fe en confianza, templanza en santificación!

Y todas estas cosas nosotros las podemos obtener. Qué cosas, pues, pensáis que hay preparadas para los que esperan pacientemente en Él? El Creador y Padre de las edades, el Santo mismo, conoce su número y su hermosura. Esforcémonos, pues, para que podamos ser hallados en el número de los que esperan pacientemente en Él,Sigue leyendo «¡Qué benditos y maravillosos son los dones de Dios, amados! ¡Vida en inmortalidad, esplendor en justicia, verdad en osadía, fe en confianza, templanza en santificación!»