De Quevedo a un clérigo

Adoro, aunque te pese, galileo, el pan que muerden tus rabiosos dientes; adoro al que, en mortaja de accidentes vivo en la muerte que le diste veo. Adoro a Cristo y sus preceptos creo, aunque de enojo y cólera revientes; espérenle, si quieren, tus parientes, que yo en el sacramento lo poseo. Mas ya queSigue leyendo «De Quevedo a un clérigo»