De Quevedo a un clérigo

Adoro, aunque te pese, galileo, el pan que muerden tus rabiosos dientes; adoro al que, en mortaja de accidentes vivo en la muerte que le diste veo. Adoro a Cristo y sus preceptos creo, aunque de enojo y cólera revientes; espérenle, si quieren, tus parientes, que yo en el sacramento lo poseo. Mas ya queSigue leyendo «De Quevedo a un clérigo»

También es voluntad de Dios respecto a nosotros que guardemos sus mandamientos.

En efecto, cuando alguien desea algo, no sólo quiere lo que desea, sino todas las cosas por las que alcanza aquello. Asi el médico que desea que [el enfermo] obtenga la salud, quiere también la dieta, la medicina y lo demás de este género Ahora bien, Dios quiere que poseamos la vida eterna, Mateo 19,Sigue leyendo «También es voluntad de Dios respecto a nosotros que guardemos sus mandamientos.»

No ser negligentes ni descuidados

El buen obrero recibe el pan de su trabajo con confianza, pero el holgazán y descuidado no se atreve a mirar a su amo a la cara. Es, pues, necesario que seamos celosos en el bien obrar, porque de Él son todas las cosas; puesto que Él nos advierte de antemano, diciendo: He aquí, elSigue leyendo «No ser negligentes ni descuidados»