La cantidad de tiempo que hoy se pierde en el celular es síntoma de un grave problema cultural. Así como Sócrates temía que la sobreabundancia de libros terminara afectando la memoria y creando un tipo de sabelotodo que en realidad no sabe nada, nuestro problema radica en que el internet y las redes sociales implican un gran peligro, dado que afectan las facultades cognitivas del ser humano. El internet o el celular, entonces, no son meras herramientas bajo nuestro control, sino que están alterando características profundamente humanas. Pongamos un solo ejemplo. El internet pretendía <democratizar> el conocimiento, ahora sin barreras ni límites aparentes, de tal manera que todos pudiésemos leer e informarnos. Sin embargo, la realidad es que cuando comenzamos leer un artículo en línea y nos encontramos con una frase con hipervínculos, es inevitable distraerse con el dilema de darle clic o no al texto Nicholas Carr, crítico del efecto de la tecnología en nuestras vidas, lo dice claramente:
<La redirección de nuestros recursos mentales, desde la lectura de libros hasta la formación de juicios les] imperceptible para nosotros-tenemos un cerebro muy rápido-, pero está demostrado que impide la comprensión y la retención, sobre todo cuando se repite con frecuencia>.
¿Hay alguna manera de evitar ese problema? El torrente de información suelta, desconectada y muchas veces sin importancia termina intoxicando al cerebro. De ahi la importancia del control personal y del discernimiento a la hora de buscar conocimiento por medio de las posibilidades del internet y de la novedosa forma de comunicación oral y visual en plataformas como YouTube. Es sorprendente e innegable cómo el conocimiento se está transfiriendo a una nueva modalidad de aprendizaje donde uno puede informarse de temas de lo más variados: desde cambiar el filtro de aceite a instalar un caño de plomería, reemplazar un ladrillo en la pared o hacer un curso de filosofa política o inteligencia artificial.
Estamos ante una gran transición tecnológica en el modo de comunicarnos y aprender que nos lleva a cuestionarnos si esto nos hace más sabios o solo es apariencia de conocimiento
Carr, Superficiales, cap. 7
