Considerar pues, el pecado que cometen tantos cristianos que se conducen en la iglesia y durante la misa con tan poco respeto, como si estuvieran en la calle o en sus casas. En algunos llega su temeridad a tal punto, que mientras los Ángeles posternados adoran a su Dios señor, ellos miran a uno u otro lado, ocupándose de los que entran y salen, pensando y hablando sin poder y sin necesidad. Cristo podría decirles, asimismo, como a los mercaderes del templo: mi casa es una casa de oración y vosotros habéis hecho de ella una cueva de ladrones
San Lucas 19, 46
Explicación de la Santa Misa. R Padre Martín de Cochem O.F.M. Cap (Año 1712)
