Esta es otra pregunta frecuente. La respuesta es simple y hermosa: la oración no cambia a Dios, nos cambia a nosotros.
Dios no improvisa. El ya ha dispuesto, desde la eternidad que ciertas gracias lleguen a tu vida si las pides. Ha querido que seas parte activa de su providencia. Por eso Jesús diio: «Pedid y se os dará.» (Mateo 7,7 Moisés intercede por Israel, y Dios «cambia de parecer» (Éxodo 32,1 1-14). Nínive ora, ayuna y se salva (Jonás 3,10). Dios cambió? No. Lo gue cambió fue la disposición humana, y eso era precisamente lo que Dios había previsto desde la eternidad.
San Agustín lo expresó con genialidad:
«Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.»
El Padre Pío lo resumia así «La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave que abre el corazón de Dios.»
Y ese corazón ya sabía desde la eternidad cuántas veces llamarías a su puerta. Pero eso no hace innecesaria la oración; al contrario: la hace parte del milagro. ¿Entonces estamos predestinados?
La Iglesia enseña que Dios, en su infinita sabiduría, puede prever todo sin violentar la libertad. No somos predestinados al cielo o al infierno como si fuera una lotería o un destino ciego. Dios no condena a nadie sin que antes esa persona haya elegido libremente alejarse de Él. Como lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica: «Dios predestina a nadie a ir al infierno. Para que esto suceda, es necesario una aversión voluntaria a Dios.»
Conclusión: Vivimos, elegimos y amamos… delante de un Dios que sabe, pero no impone Dios lo sabe todo, sí. Pero su saber no esclaviza: acompaña, ilumina, llama. Él ha dispuesto desde la eternidad
que tú seas libre, y ha soñado contigo. Tu lucha tiene sentido. Tus decisiones importan. Tu oración mueve montaňas porque Dios ha querido que lo haga. No se trata de preguntarse: «¿Para qué luchar si Dios ya lo sabe?», sino de comprender: «Dios ya lo sabe, y aun así quiere luchar conmigo.»
San Agustín, Sermón 169, 13
Cita atribuida al Padre Pío de Pietrelcina.
Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1037
