La Iglesia es Visible



Mucha de las denominaciones protestantes que rechazan la doctrina de la sucesión apostólica, suelen ver también a la Iglesia, no como un organismo visible (compuesto por todos los bautizados, y las jerarquías que instituyeron los Apóstoles: obispos, presbíteros, diáconos) sino como un organismo invisible donde cada persona se une a la agrupación cristiana de su preferencia, y en donde lo primordial es tener una relación personal con Cristo.

Para ellos no es esencial a qué Iglesia asistas mientras tu relación con Dios sea verdadera. El problemna de este enfoque es que pierde de vista la unidad, la cual es una de las notas establecidas y queridas por Cristo para su Iglesia (un mismo cuerpo, una misma fe y un solo bautismo). Aunque honestamente equivocados, muchos miembros de estas comunidades eclesiales con pureza de intención pueden alcanzar la salvación eterna[, el permanecer separados de la plena unidad del cuerpo de Cristo y la ortodoxia siempre tiene sus consecuencias (las herejías hacen al creyente vulnerable al pecado) y no está de acuerdo a la voluntad de Dios. Esto sin contar que la idea de una Iglesia invisible choca de plano con lo que la Biblia enseña. No hubiese podido San Pablo imponer disciplina
excomulgando a Himeneo, Alejando y Fileto en una Iglesia invisible.

En la Escritura la Iglesia siempre es descrita no como un ente invisible, sino como el cuerpo de Cristo, donde los miembros están claramente identificados y ocupan una función.

Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte. Y asi los puso
Dios en la Iglesia, primeramente como Apóstoles; en segundo lugar como Profetas; en tercer lugar como maestros,; luego, los milagros,; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas. ¿Acaso todos son Apóstoles? O ¿todos Profetas? ¡Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros? ¿Todos con carisma de curaciones? Hablan todos lenguas? ¡Interpretan todos?»

Una metáfora que se utiliza frecuentemente en la Biblia para describir la Iglesia es la de un edificio espiritual, donde algunos son representados como cimientos columnas (Apóstoles), siendo la Piedra angular Cristo. «Asi pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los Apóstoles y Profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu.»

Resulta claro que la visión de una Iglesia como un ente invisible, donde el conjunto de creyentes está dispersos, no es lo que tenía en mente Cristo cuando decía que habría un solo rebaño y un solo pastor.

Es comprensible pero no justificable que el protestantismo en su mayoría haya adoptado esta perspectiva de entender la Iglesia, pues es una de las formas que han encontrado para justificar su división. En este tergiversado modelo de Iglesia no es realmente relevante que esté dividida en distintos grupos inclusive con serias diferencias doctrinales. En la Escritura no sólo no se encuentra nada que justifique esta ideologia, sino que condena severamente las divisiones, al punto de llamar anticristos a los cismáticos y nos manda a apartarnos de quienes divisiones.

«Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina
que habéis aprendido; apartaos de ellos.»

«Hijos míos, es la última hora. Habéis oido que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos
han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora. Salieron de entre nosotros;
pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros.»

«En cambio vosotros, queridos, acordaos de las predicciones de los Apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos os decian: «Al fin de los tiempos aparecerán hombres sarcásticos que vivirán según sus propias pasiones impias.» Estos son los que crean divisiones, viven una vida sólo natural sin tener el espíritu.»

«Os conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a gue tengáis todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; también, estéis unidos en una misma mentalidady un
mismojuicio.»

No todo el protestantismo sin embargo, rechaza la doctrina de la sucesión apostólica. Algunas iglesias anglicanas y luteranas la aceptan, pero en la práctica para la mayoría ésta doctrina no es importante o incluso la niegan; saben que en caso de reconocerla, y sin tener una legítima sucesión apostólica, la existencia de su Iglesia no estaría justificada y tendrían que reconocer como inválida la autoridad de sus pastores. En cambio la gran mayoría de iglesias cismáticas que se separaron de la
Iglesia Católica antes de la Reforma si la reconocen, entre ellos, las iglesias ortodoxas, nestorianas, etc.

Catecismo de la Iglesia Católica 818,819, 847
1 Corintios 12,27-30
Efesios 2,19-22
Romanos 16,17
1 Juan 2,18-19
Judas 1,18-19
1 Corintios 1,10

Publicado por paquetecuete

Cristiano Católico Apostólico y Romano

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