La Teologia de la liberación invierte la teología católica manipulando el concepto de Revelación. La Iglesia enseña que la Revelación pública concluyó con la muerte del último de los Apóstoles. Esta Revelación – el Depositum Fidei – está contenida enteramente en las Sagradas Escrituras y en la Tradición. La Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo interpreta esta Revelación de manera fidedigna.
No es así para la Teologia de la liberación, que niega que la Revelación pública haya concluido con los Apóstoles, sosteniendo, en cambio, que la misma continúa a lo largo de la historia. Según la Teologia de la liberación, los movimientos interiores del alma pueden transmitir Revelación, tal como los grandes movimientos revolucionarios de los tiempos modernos en el campo social, político, cultural y económico.
El teólogo jesuita Thomas Clarke, del Woodstock Theological Center de Washington, escribe en un ensayo sobre el uso de la Teologia de la liberación en las llamadas Comunidades Eclesiales de Base (CEBs): “El concepto clave aquí será el de revelación divina transmitida a través de la experiencia humana.
(.) La palabra clave, en mi opinión, es revelación. Por muchos años hemos asumido simplemente cómo verdadera la tesis que la revelación cristiana concluyó con la muerte del último apóstol. (…) Sin embargo, si tomamos en serio la misión del Espíritu Santo, debemos también decir que Dios continua revelándose», Según la Tdl, es necesario escrutar los procesos históricos, interpretando su sentido profundo, para descubrir los «signos de los tiempos»: una suerte de Revelación inmanente a la historia. Comenta Gustavo Gutiérrez: «Teológicamente, los ‘signos de los tiempos’ significan la convicción de que el Dios en el cual creemos es el Dios de la historia, que nos habla e interpela a través de la historia». La Teologia de la liberación considera como «portadores de la Revelación» particularmente a aquellos movimientos y procesos que favorecen la reforma de la sociedad, entendiendo por ello los grandes movimientos revolucionarios de la historia moderna. «Nuestros movimientos interiores son portadores de revelación – dice el jesuita James Hug -lo son también los exteriores, sociales. (…) Las instituciones sociales y los movimientos de nuestro tiempo se presentan como el lugar privilegiado de la revelación. (…) Dios actúa y se mueve en nuestro mundo, revelándose a nosotros, invitándonos,
interpelándonos a través de los movimientos sociales y los grandes movimientos de reforma en el ámbito público. (..) Estos movimientos reformistas son fuente privilegiada de revelación»,
Esta doctrina, que considera la Revelación pública como continua y transmitida a través de los movimientos históricos deriva de un error llamado inmanentismo historicista, núcleo doctrinal de la Teologia de la liberación,
Así, la Teologia de la liberación anula la idea de un Deposito de la Fe completo, y de un Magisterio que lo interpreta de modo infalible, buscando las fuentes de la Revelación en la siempre cambiante conciencia humana y en las realidades sociopolíticas en evolución. La Revelación se transforma así en
una «verdad» en constante evolución, construida por los hombres en cada época a través de la «praxis liberadora» que se convierte en el criterio de la verdad Hugo Assmann no considera la Revelación como un depósito de verdades absolutas e inmutables. La Palabra de Dios, sostiene, procede de la participación revolucionaria, interpretada en cada época por los propios agentes de las transformaciones socio-políticas: «La Palabra de Dios no es más un absoluto inmutable, una proposición eterna que recibimos antes de analizar los conflictos sociales y comprometernos en la transformación histórica de la realidad. (…) Hoy, la Palabra de Dios surge del proceso colectivo de toma de conciencia histórica, del análisis y de la participación, esto es, de la praxis». «Este tipo de hermenéutica histórica – concluve Assman con un candor único puede destruir la falsa seguridad de la palabra de Dios dada de una vez para siempre, puede destruir lo absoluto de la palabra de Dios en sí misma’ Es precisamente esta concepción de la historia como fuente privilegiada de la verdad, y no más Dios y su Revelación, la que marca la ruptura de la teología moderna respecto de la tradicional. «La historicización del pensamiento occidental -observa Samuel Silva Gotay, profesor de la Universidad de Puerto Rico es la clave para entender la transformación teológica ocurrida en Europa, la que, a su vez, ha tenido repercusiones en América Latina, donde la historicización del pensamiento religioso fue llevada hasta sus últimas consecuencias (por la Teologia de la liberación)
Thomas E. CLARKE, A New Way: Reflecting on Experience, in Tracing the Spirit, Communities, Social Action and Theological Reflection, ed. James E. HUG, Paulist Press, New York 1983, pp. 15, 19
Gustavo GUTIÉRREZ, discurso «Veinte años después de Medellín», São Paulo, 25 de octubre 1988, grabación magnetofónica, archivo TFP
James E. HUG, Rose Marie SCHERSCHEL, Social Revelation, Center of Concern, Washington 1987, pp. 20, 22.
Hugo ASSMAN, Statemnent, in Theology in the Américas, ed. SERGIO TORRES y John EAGLESON, p. 299.
Samuel SILVA GOTAY, Origem e desenvolvimento do pensamento cristão revolucionário a partir da radicalização da doutrina social cristã nas décadas de 197- e 19v-, p. 145.

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