Sinvergüenza y prostituta
(Dicho por stalin al general Yakir)
En el conjunto de estos procesos, nueve de cada diez militantes del partido fueron perseguidos o eliminados, En lo que se refiere a la dirigencia, Ernst Nolte señala que, para la reunión del 18° Congreso del Partido, en marzo de 1939, «habían nuerto o desaparecido no menos de 1.108 delegados de los 1.996 que asistieron al 17° Congreso en 1934. E incluso de los restantes, sólo 59 volvieron a presentarse en el auditorio». Su conclusión fulminante: «Hasta ese momento ningún partido comunista del mundo había sufrido una matanza semejante, ni siquiera el KPD a manos de Hitler. Ningún gobierno había infligido jamás tantas bajas a su propio pueblo en tiempos de paz»,
Entre los estudiosos del totalitarismo siempre ha llamado la atención el extraño fenómeno de las auto acusaciones y las confesiones, por parte de los mismos purgados, de crímenes que después se demostró que no se habían producido. Ya desde el primer gran juicio público del 19 de agosto de 1936, los acusados confesaron haber planificado atentados contra dirigentes de la Unión Soviética. En el banquillo se encontraban, por ejemplo, Grigori Zinóviev y Lev Kámenev, dos de los más estrechos colaboradores de Lenin. Mientras el primero confesaba haberse vuelto <fascista> por medio de su adhesión al trotskismo, el segundo, a pesar de estar siendo purgado, llamaba públicamente a apoyar a Stalin, entendiendo que su condena constituía un acto de justicia Mrachkovski, un viejo cuadro del partido, solicitaba para sí mismo la pena de fusilamiento como medida ejemplar de cara a la clase obrera. El general Yakir, condenado a la pena capital, murió gritando: <Viva el partido, viva Stalin>, Qué movilizaba a los cuadros dirigentes a confesar crímenes que no solo no habían cometido, sino que en muchos casos ni siquiera habían existido? Nunca se encontró una respuesta definitiva para esta cuestión pero semejante anomalía, política y psicológica al mismo tiempo, siempre ha sido interpretada como algo propio del desquiciamiento totalitario
Gonzalo Redondo, Las libertades y las democracias. tomo XIII. Coleccion Historia Universal (Pamplona, Eunsa: 1984,p. 241)
Nolte, La guerra civil europea, 1917-1945, p. 273
Las explicaciones ofrecidas por los estudiosos van desde la psicología de los acusados, comprometida con los postulados ideológicos del régimen hasta el punto de asumir culpas indebidas, pasando por acuerdos secretos entre los acusados y sus acusadores, hasta el quiebre producido por la tortura física y psíquica que los llevaba al desvarío de admitir algo que no había existido nunca. Esta última es la razón que ha esgrimido el mismo Kruschev, tras condenar al estalinismo: «¿Cuáles eran
las pruebas ofrecidas? Las confesiones de los detenidos que los jueces encargados de la investigación tomaban en serio. ¿Cómo lograr que los acusados confesasen crímenes que no habian cometido? De una sola manera, aplicando métodos físicos de presión, de tortura, que llevaban a un estado de inconsciencia, de derrota intelectual, de privación de la dignidad humana. Es así como se
obtenían las confesiones» (citado en Aron, Democracia y totalitarismo, pp. 287-288)
